Lunes 22 de Diciembre de 2014
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Editorial
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Jueves 27 de Diciembre de 2012 - 12:01 AM

Sí se puede cambiar a la ciudadanía

Hace dos décadas no se concebía una Navidad sin pólvora. Parte de la celebración de fin de año incluía la compra de voladores, volcanes, chispitas y cualquier clase de artefacto explosivo que pudiera ser manipulado por niños y adultos. Y las consecuencias de todos los años eran las mismas: niños quemados, gente amputada en sus manos e incendios.

Ante esta realidad, el país comenzó a cambiar su “cultura” en el uso de la pólvora y decidió que esta tradición no podía estar por encima de la integridad de las personas. Por eso la prohibió.

Hoy, varios años después de esta experiencia, Bucaramanga y su área metropolitana celebraron una Navidad con cero quemados por pólvora. En Santander se registró un solo caso, con lo que se elevó a ocho el número de quemados en diciembre, cifra menor a la de años anteriores.

Esta experiencia de lograr que la manipulación de la pólvora quedara en manos de expertos, en eventos autorizados, y que fuera erradicada de la forma de celebrar de los bumangueses es una muestra más de que cuando se insiste en crear conciencia ciudadana es posible cambiar los esquemas culturales aprendidos. Aunque en principio esto parezca imposible.

Cuando se habló de prohibir la pólvora, muchos dijeron que era no era posible cambiar la forma de celebrar el fin de año. Otros alegaron su derecho al trabajo y dijeron que tal medida violaba su derecho al sustento y al de sus familias. Pero hoy es evidente que el cambio se dio y que poco a poco todos han ido tomando conciencia de que la pólvora no es un juego y que su utilización pone en riesgo la integridad de todos.

Aunque aún falta. Todavía a la media noche del 24 de diciembre se escuchan algunos voladores en diversos sitios de la ciudad. Pero sin duda se ha generado un cambio en el comportamiento ciudadano; luego es posible. Es cuestión de perseverar y de reeducar a las personas en el respeto por los derechos propios y ajenos.

Empecemos a educar al ciudadano en aspectos críticos como la importancia de defender el espacio público, de respetar al peatón, de dar prioridad a las personas en situación de discapacidad, a mujeres gestantes y a niños ¿Qué tal una campaña ciudadana sobre enseñar a todos a parquear solo en sitios permitidos?  El camino es largo pero posible. La clave está en perseverar.

Publicada por
REDACCIÓN EDITORIAL
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