Lunes 24 de Noviembre de 2014
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Editorial
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Sábado 09 de Febrero de 2013 - 12:01 AM

Del dicho al hecho

Diez años es un período suficiente para determinar si una política estatal ha sido atinada o no y si ha logrado los fines que se propusieron al implementarla. Eso ocurre con los sistemas de transporte urbano masivo que el Gobierno central diseñó e implementó en Bucaramanga, Pereira, Medellín, Cali, Cartagena y Barranquilla, con el propósito de transformar de arriba a abajo tan neurálgico y crítico servicio en Colombia.

Los aciertos y buenos vientos de Transmilenio en Bogotá llevaron a la cúpula de la Rama Ejecutiva de ese entonces a calcar tal sistema en las ciudades más pobladas de nuestra geografía, considerando que ello daría un timonazo histórico a un viejo e inmenso dolor de cabeza; los mecanismos diseñados por el Estado para enfrentar el crecimiento poblacional de las ciudades siempre se han quedado cortos, a la zaga de los hechos.

El país ha invertido 13 millardos de pesos en la adecuación de la infraestructura vial, implementación y desarrollo de los sistemas de transporte urbano masivos de nuestras seis más populosas ciudades, pero los hechos han sido tozudos y no se ha solucionado el problema.

La adecuación de la infraestructura vial está inconclusa, ha tenido grandes sobrecostos y mucho de lo hecho deja qué desear.

Las proyecciones del flujo de pasajeros quedaron  mal hechas y con base en ellas se hicieron estudios incorrectos respecto de los ingresos de las empresas transportadoras encargadas de movilizar a los usuarios. ¿Consecuencia? Lo recaudado por concepto de pasajes no ha podido sostener los sistemas de transporte urbano masivos de tales ciudades y los transportadores accionistas de las empresas que operan los buses están en crisis económica.

La ciudadanía, además, está inconforme pues la frecuencia con que pasan los buses por los distintos barrios es muy distanciada en el tiempo, por lo que añoran el anterior sistema de transporte.

Y para rematar, el valor que cada usuario paga por pasaje no compensa la inversión hecha y no hace sostenible el sistema.

Muchos otros tropiezos de diversa índole hay en este sistema de transporte público urbano. Llegó la hora de que o el gobierno central le dé un fuerte viraje al asunto, o la situación estallará con efectos insospechados. ¿Corolario? Fue erróneo copiar el sistema que fue exitoso en Bogotá. Cada ciudad tiene características y una realidad diferente a la de la Capital.

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REDACCION EDITORIAL
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