Miércoles 20 de Agosto de 2014
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Editorial
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Lunes 11 de Febrero de 2013 - 12:01 AM

El impuesto predial

Tanto diciembre como los primeros meses de cada año calendario  son en extremo difíciles para las cabezas de familia por el cúmulo de gastos que deben cubrir. Antes de que cada hogar, por organizado y medido en los gastos que sea, termine de desembolsar lo necesario para las festividades de Navidad y Año Nuevo, brota el desafío de pagar el valor de las matrículas educativas y, sin lograr saber cómo cada quien salva tal obstáculo, llega la obligación de cancelar el valor del impuesto predial del inmueble donde se reside. Todo ello exige mucho dinero y sacrificio.

El valor del impuesto predial de cada inmueble ha llegado a sumas insospechadas. Los entendidos en tales materias aducen razones técnicas por las que dicho tributo se ha incrementado en tales proporciones, pero los ciudadanos lo que perciben es que el aumento del valor de ese impuesto es superior a sus posibilidades económicas y lo pagado no se refleja en una buena administración del municipio respectivo.

¿Qué hacer ante ello? Es de oír a la gente refunfuñar sobre el destino que tendrá el dinero pagado por concepto de impuesto predial.

Desafortunadamente la actitud dispersa de la ciudadanía es un error colectivo mayúsculo. La comunidad debe tomar conciencia que solo vigilando y controlando colectivamente, con inmenso celo y sin desmayo, la forma como quienes administran cada municipio invierten tal dinero se puede garantizar que él no será pasto de corrupción.

El problema fundamental del dinero que por impuestos pagan los colombianos es el mal uso que de él hacen los gobernantes. La comunidad siente que las más de las veces es malversado y eso, con amargura, se resume en la frase: “se perdió la platica”.

Las veedurías ciudadanas, las ONGs conscientes, las organizaciones cívicas, etc., deben velar y denunciar cualquier amago de malversación de fondos en las arcas municipales.

El peor enemigo que tiene el Estado para recaudar dineros por concepto de impuestos es la corrupción. Si los ciudadanos vieran que lo pagado por impuestos se invierte bien, no habría tanta inconformidad, ni tanta apatía por pagar impuestos. Y si bien los colombianos tienen la obligación de pagar impuestos, los gobernantes tienen a su vez la obligación de invertir tal dinero celosamente, rendir extensas cuentas, peso a peso y todos, comunidad y Estado, perseguir duramente el peor de nuestros flagelos: la corrupción.   

Publicada por
REDACCION EDITORIAL
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