Sábado 1 de Noviembre de 2014
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Editorial
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Jueves 28 de Febrero de 2013 - 12:01 AM

Invertir en cultura es invertir en futuro

Mientras Bucaramanga avanza en su infraestructura y se construyen decenas de conjuntos residenciales, edificios, centros empresariales y comerciales que comienzan a darle una cara nueva, lo que tiene que ver con la ciudadanía, lamentablemente retrocede. A juzgar por los diferentes estudios y encuestas que se hacen sobre el tema, el civismo y la cultura ciudadana parecen no ocupar lugar alguno en los propósitos de esta sociedad. Ni en la administración municipal ni entre los mismos habitantes de la urbe.

La mayor proporción de una buena cantidad de los problemas sociales que demandan cuantiosas inversiones para el gobierno local, podrían superarse si se hiciera un trabajo de base sobre las causas de tales conductas y no simplemente dirigiendo los recursos públicos a reponer lo que la incultura destruye a diario.

El tratamiento absurdo que los ciudadanos le dan a la basura de su propia casa, el comportamiento casi antisocial de muchos conductores en las vías, el ataque sistemático al mobiliario urbano, la intolerancia persistente en las relaciones sociales, la invasión del espacio público, la conducta ‘suicida’ de los motociclistas, la imprudencia de los peatones, el maltrato al medio ambiente, por señalar unos pocos, son indicadores de la pésima cultura ciudadana que vemos permanentemente en Bucaramanga.

Es necesario y urgente que los gobiernos se preparen y trabajen en este aspecto. Es imprescindible que se entienda que esto ya no es simplemente cuestión de estrategias lúdicas, pasajeras, inconexas e inconclusas; la cultura ciudadana es hoy un factor esencial de la vida de las ciudades y debe estudiarse, definirse y ponerse en práctica con fundamentos sólidos y científicos, por cuanto de allí puede desprenderse el deseable resultado de modificar positiva y concretamente el comportamiento social.

Un trabajo serio, sostenido y consciente para mejorar la deficiente cultura ciudadana de los bumangueses, no solo permitiría ahorrar significativas cantidades de dinero público que hoy se destina simplemente a reponer los daños que se le causan a la ciudad, sino que podría reducir los casos de intolerancia, mejorar los índices de violencia y delincuencia, impulsar los factores de desarrollo, mejorar sustancialmente la imagen de la ciudad y proyectarla mejor como objetivo turístico, entre otros tantos beneficios.

Pero, en lugar de eso, parece que marchamos hacia atrás y la misma autoridad permanece indiferente aunque ante sus ojos se violen las normas, se agreda a las personas o se deteriore el entorno. La misma administración debe comenzar a dar el ejemplo, observar con todo rigor las normas éticas y legales y a partir de allí, mediante un trabajo serio y persistente en cultura ciudadana, trazar el camino que nos permita pasar del actual caos cívico a una ciudad próspera, ordenada y, por fin, amable.

Publicada por
REDACCIÓN EDITORIAL
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