Lo anterior pone en evidencia la irresponsabilidad de parte de tal empresa y la falta de cuidado de quienes les adjudicaron la labor
Publicado por: REDACCION EDITORIAL
Durante los últimos meses Bucaramanga ha caminado por el filo de un cuchillo, luchando para que la construcción del viaducto de la carrera novena no mute en un elefante blanco de graves consecuencias.
La administración municipal ha puesto atención al problema, ha sostenido reuniones con los integrantes del consorcio con el que se contrató la ejecución de la obra, ha pedido información a la Interventoría, ha debatido sobre caminos y opciones a seguir para salvar los obstáculos que se han presentado y ha anunciado medidas severas para que la obra sea efectivamente realizada y no vuelva a presentar incumplimientos.
Sin embargo, esos incumplimientos de obligaciones contractuales en los que han incurrido los integrantes del “Consorcio Internacional Viaducto de la Novena” ya se dieron, son un hecho y que traten de enmendar no borra lo ocurrido. Para la ciudad sigue siendo un acertijo el destino de once mil millones de pesos que se entregaron como parte del anticipo y debe haber claridad al respecto en el menor lapso posible.
El problema de fondo de esa obra es que la administración de Fernando Vargas adjudicó la construcción a tal consorcio, cuando es claro que uno de sus integrantes no tiene aptitud para realizar un viaducto de tales dimensiones.
Lo anterior pone en evidencia la irresponsabilidad de parte de tal empresa y la falta de cuidado de quienes les adjudicaron la labor, pues verificaron que en teoría se cumplieran las formalidades, pero no investigaron si realmente tenía conocimiento y experiencia para hacer lo contratado.
El problema de los consorcios y de otras figuras asociativas precarias que no son personas jurídicas, como son las uniones temporales, los contratos de joint venture, las alianzas estratégicas, etc., es que en ellas todo depende de la buena fe, la responsabilidad y voluntad de quienes los integran y si surgen conflictos internos entre sus integrantes el asunto pasa de castaño a oscuro, pues están muy mal regulados en la Legislación, no existiendo mecanismos ágiles y certeros para resolver tales controversias.
En este caso no solo ha habido incumplimiento de parte del consorcio contratista, sino un agudo conflicto interno entre sus integrantes, controversia de difícil solución.
Y lo amargo es que en medio de ello están Bucaramanga y su futuro, ya que a hoy no se sabe si pese a las medidas de precaución y sanciones impuestas para que el consorcio cumpla, efectivamente lo hará.










