Miércoles 22 de Octubre de 2014
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Editorial
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Sábado 16 de Marzo de 2013 - 12:01 AM

Los negocios y las “mordidas”

Colombia, que era un país austero en sus costumbres familiares, económicas, empresariales y sociales, mutó, a comienzos del siglo XXI, en un territorio en el que muy pocos pueden adentrarse en el mundo de los negocios sin estar dispuestos a recibir en cualquier momento una oferta o propuesta de “mordida”, o ser quien la hace. Esa, lamentablemente, es hoy la puerta de entrada para  celebrar contratos, ya sea con entidades estatales o entre empresas privadas.

Las “mordidas” son delitos de no poca monta, que se intentan y consuman a diario, de arriba a abajo del territorio patrio y que en cada caso requieren la presencia, como mínimo, de dos personas para su ejecución: quien da y quien recibe. El que da cree que descarga  el pecado diciendo “tuve que hacerlo” y quien recibe se disculpa expresando “si no recibo yo, lo hace otro”. O como se excusan los empresarios: “si no pago sobornos pierdo negocios y quiebro”.

La Tercera Encuesta Nacional de Prácticas contra el Soborno en Empresas Colombianas, preparada, hecha y analizada por Transparencia por Colombia y la Universidad Externado de Colombia, dada a conocer el pasado 12 de marzo de este año, pone el dedo en la llaga: el 94% de los contratos que se celebran en el país lleva en sus entrañas un soborno de algún tipo.

El relajamiento de nuestras costumbres respecto al soborno es de tal magnitud, que los que lo practican pronto se transforman en grandes señores de buen recibo en todo lugar.

Ya nadie pone en duda la presencia de “mordidas” en los contratos sino cuál es el porcentaje que en cada caso se pagó “por debajo de la mesa”. Ese censurable comportamiento nacional tiene un espectro, implicaciones y consecuencias de extrema gravedad.

Paralelo a ello, con regularidad, el Estado expide medidas para frenar la corrupción, pero si se hace un balance de las que se han implementado en los últimos 50 años, se concluye que ninguna de ellas ha sido un dique eficaz que frene la corruptela. Han sido más ruido que nueces. En tanto, la aceptación de “mordidas” gana espacio en todos los escenarios.

Muchas reflexiones merece esta pandemia que nos carcome y que puede llegar a honduras insospechadas de decaimiento de las costumbres. Colombia no puede aspirar a ser un país desarrollado si la corrupción sigue campeando.

Publicada por
REDACCION EDITORIAL
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