Para sanear las cárceles primero hay que mirar y corregir la estructura y perfil de quienes en ellas laboran.
Publicado por: REDACCION EDITORIAL
El gobierno central está presentando a estudio del Congreso un proyecto de Código Penitenciario. Argumenta la ministra de Justicia que con tal cuerpo de leyes se levantará un dique que pondrá fin a los desmanes y problemas que se viven en los más de 100 establecimientos carcelarios que tiene el país. Sólo el tiempo permitirá establecer si los propósitos de la administración Santos se volverán realidad, pues las cárceles son una caja de Pandora; de ellas nunca acaban de salir sorpresas, cada una más desagradable y amarga que la anterior.
La revista Semana en su última edición, sacó a la luz un hecho escandaloso ocurrido en una de las penitenciarias que se supone es muy severa y rígida en su código de comportamiento: La Picota.
Allí están recluidos delincuentes muy peligrosos. Como consecuencia de la citada reseña periodística, salió en días pasados a los medios de comunicación el director del Inpec quien, para minimizar lo sucedido, explicó que todo ocurrió el año pasado y que ya se solucionó tal irregularidad. Las explicaciones dadas tienen una buena dosis de ingenuidad, ya que el hecho es de extrema gravedad y amplio espectro.
Nos referimos a las peleas de boxeo que se programaban y llevaban a cabo en el patio de reos peligrosos conocido como “Patio de los Extraditables”; en ellas se apostaban fuertes sumas de dinero entre reclusos, asistían guardianes del Inpec y los contrincantes eran presos de otros patios de tal penitenciaría. En resumen, allí todo era irregular.
Probablemente la publicación en redes sociales de tales peleas hizo sonar las alarmas, mas no por eso se solucionó el problema ya que el asunto muestra que hay muchos focos de corrupción en el penal y que con cambiar su Director no se pone punto final a los desmanes.
Nuestras cárceles son un dolor de cabeza inmenso; en ellas no solo hay hacinamiento, sino que casi la mitad de la población carcelaria aún no está condenada. Además, su estructura administrativa, ética, moral y los valores del personal del Inpec que en ellas labora, expele mal olor.
Si en La Picota se hubieran implantado oportunamente severas medidas disciplinarias, se cumplieran los reglamentos establecidos desde tiempo ha, no hubiera ocurrido lo comentado.
Para sanear las cárceles primero hay que mirar y corregir la estructura y perfil de quienes en ellas laboran.









