Quien ejerció el primer cargo de la nación entre 1998 y 2002, parece haber perdido la memoria o al menos tiene un uso bastante selectivo de la misma, en el tratamiento de dos asuntos trascendentales para el país sobre los cuales, luego de ver sus catastróficos resultados, no tendría siquiera la autoridad moral para opinar
Publicado por: REDACCION EDITORIAL
Desde hace décadas, tanto los analistas políticos como la opinión pública nacional tienen identificada una pérfida costumbre que lamentablemente han practicado la mayoría de los expresidentes colombianos.
Se trata del hábito irresistible de salir ante los medios una vez concluido su mandato, a opinar, criticar y aleccionar al país entero pero sobre todo al Presidente en ejercicio, sobre el manejo de los problemas que ellos mismos en su momento no fueron capaces de superar. O peor aún, sentar cátedra en el tratamiento de los temas más álgidos que bajo su gestión, lejos de recibir solución alguna, no hicieron más que empeorar.
Esa práctica atávica, no solo ha quedado una vez más en evidencia durante los últimos días, sino que ha alcanzado incluso nuevas profundidades bajo el protagonismo del expresidente Andrés Pastrana.
Sí. Quien ejerció el primer cargo de la nación entre 1998 y 2002, parece haber perdido la memoria o al menos tiene un uso bastante selectivo de la misma, en el tratamiento de dos asuntos trascendentales para el país sobre los cuales, luego de ver sus catastróficos resultados, la verdad es que no tendría siquiera la autoridad moral para opinar.
Sin embargo, lo hace. Se trata de la paz que explora en este momento la administración Santos con las Farc en Cuba, así como el diferendo limítrofe con Nicaragua.
Diferendo limítrofe que terminó con la pérdida para Colombia de miles de kilómetros cuadrados sobre el mar Caribe, perjuicio ante el cual el expresidente conservador ha solicitado en varias oportunidades que se mantenga el secreto sobre el tratamiento que se le dio al mismo durante su gobierno, tal vez porque de darse a conocer tal información, a la nación le quedaría más claro quién es uno de los principales responsables del descalabro que hoy sufren los sanandresanos.
Ahora, sobre el tema de la paz, la situación es igual de indignante. Y lo es, porque el exmandatario al acusar al presidente Juan Manuel Santos de hacer campaña para su reelección basado en los diálogos con la guerrilla en La Habana, convenientemente olvida que fue él mismo quien resultó electo Presidente, luego de una foto con Tirofijo que prometía la apertura de un proceso de paz. Proceso de paz que tampoco se puede olvidar, desembocó en el periodo más oscuro para la sociedad colombiana ya que fue aprovechado por las Farc para cometer todo tipo de desmanes y abusos contra 40 millones de ciudadanos, ante la mirada complaciente del gobierno de la época.
En síntesis, estos dos ejemplos sirven para ilustrar la manera en que la infame costumbre de los exmandatarios descrita párrafos arriba, lejos de morir parece tomar más fuerza cada día, ya que lamentablemente en el presente, el expresidente Pastrana no es el único que ha incurrido en su práctica malsana.









