Así suene difícil de creer, la semana pasada se dio un pequeño brote de independencia, un minúsculo germen de autonomía por parte del Concejo de Bucaramanga.
Publicado por: REDACCION EDITORIAL
En varias oportunidades anteriores, se ha comentado en este mismo espacio editorial la manera en que tanto la Asamblea Departamental como los concejos de prácticamente todos los municipios de la región, se convirtieron en comités de aplausos del Gobernador y los alcaldes.
En las observaciones, se señalaba cómo lejos de cumplir con su deber de realizar un control político y actuar como una especie de Junta Directiva del Departamento o de las diferentes ciudades y poblaciones, estos organismos han preferido limitarse a aprobar sin cuestionar todo lo que llega a sus recintos, a cambio de dádivas y prebendas para sus integrantes.
Integrantes que sin vergüenza alguna o el más mínimo asomo de responsabilidad, pundonor, solidaridad o incluso lástima por sus electores, quienes son al fin y al cabo a quienes les deben su presencia en dichas corporaciones, han firmado sin discusión alguna cuanta propuesta impositiva les ha llegado en los últimos tiempos.
Pues bien, así suene difícil de creer, la semana pasada se dio un pequeño brote de independencia, un minúsculo germen de autonomía por parte del Concejo de Bucaramanga.
Sí. A pesar de la historia reciente ya relatada párrafos arriba, el cabildo de la ciudad, contra todos los pronósticos, se animó a protestar. Y sí, se necesitó que varios secretarios de despacho de la alcaldía así como directivos de los institutos descentralizados, hayan ignorado sistemáticamente y durante meses las citaciones que les ha hecho tal corporación para que rindan cuentas. Pero al final, los concejales se atrevieron quejarse.
De hecho, llegaron incluso a manifestar que de continuar la situación de desconocimiento y el contexto de desprecio a los que han sido sometidos, así como la costumbre de entregarles demasiado tarde los proyectos para su estudio, llegarían hasta a pedir la salida de dichos funcionarios de la administración municipal.
Ahora, si bien el cumplimiento de la amenaza es bastante difícil que se materialice, dado precisamente que quienes la ejecutarían pondrían en peligro los mimos burocráticos y las caricias presupuestales de las que suelen ser objeto, no se puede desconocer que el solo grito de insatisfacción, ya es un paso adelante.
A final de cuentas, el gesto debería ser aplaudido por la ciudadanía pero sobre todo, ser llevado de la palabra a la práctica por parte de los concejales, a quienes los bumangueses sinceramente les agradecerían si, así se trate de la excepción y no la regla, por fin hacen algo por cumplir con sus obligaciones que fácilmente pueden resumirse en pocas palabras, representar los intereses de la comunidad ante el Gobierno local.











