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Editorial
Domingo 28 de abril de 2013 - 12:00 AM

Bucaramanga: sector privado, 5; público, 1.5

De calificar de uno a cinco la eficacia, el compromiso con la urbe y el desarrollo que los dos sectores le han generado a la región, mientras las manos particulares logran un cinco aclamado, las dependencias oficiales se rajan estruendosamente.

Publicado por: REDACCION EDITORIAL

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El resto del país anda fascinado con Bucaramanga. Y con justa razón. La ciudad ha merecido en las últimas semanas un amplio despliegue informativo en la prensa nacional por cuenta de su buen desempeño económico, respaldado por cuanto índice o medición se haga de su situación.

Es así como la capital del los santandereanos y su área metropolitana tienen una de las tasas de desempleo más bajas de la nación, al tiempo que la pobreza y la miseria llegan en algunos casos a ser sólo la tercera parte de las que se ven en otros lugares de Colombia.

Otros lugares de Colombia que también observan con envidia cómo la distribución de la riqueza no es tan inequitativa en Bucaramanga, mientras simultáneamente las tasas de crecimiento general y de ingresos de las personas también sobrepasan y no por poco a la media nacional.

Las razones por las cuales esta ciudad despierta la admiración de otras regiones, se conocen hace rato. Y los aplausos se los lleva prácticamente en su totalidad el sector privado, que gracias a su dinamismo, a su actividad, a su confianza en Santander y a su laboriosidad, ha logrado situarse como uno de los más emprendedores del país entero.

Sin embargo, hasta ahí llegan las buenas noticias.

Para describir la situación de manera clara y directa, es suficiente con decir que lamentablemente, ese desempeño sobresaliente de las esferas privadas en los últimos lustros, no ha sido correspondido por su contraparte pública, cuando la verdad es que deberían ir de la mano.

Sí. De calificar de uno a cinco la eficacia, el compromiso con la urbe y el desarrollo que los dos sectores le han generado a la región, mientras las manos particulares logran un cinco aclamado, las dependencias oficiales se rajan estruendosamente.

De hecho, ni siquiera resultaría exagerado y menos aún injusto afirmar que el sector público se ha convertido incluso en un lastre para el privado.

Los fundamentos de tal aseveración, se pueden ver con solo salir a la calle.

Es que mientras la ciudadanía se maravilla con la aparición de negocios nuevos, centros comerciales de talla internacional, zonas francas de salud e industriales asombrosas y en fin, inversiones de calidad por donde se mire, lo que depende de las administraciones municipales da vergüenza.

El deterioro y la falta de inversión en infraestructura son la impronta de las cuatro alcaldías. Para mencionar apenas algunos ejemplos, las calles no aguantan más huecos y basuras, los andenes prácticamente ya no existen y las pocas vías y obras que se piensan realizar, se logran a base de sobrecostos astronómicos en dinero y en tiempo que debe asumir la ciudadanía, traducidos en impuestos desbocados. Tan solo este año, el bumangués promedio deberá pagar más de tres veces los gravámenes que asumió en 2012.

En síntesis, la ecuación local está desbalanceada. Los buenos resultados de los indicadores de la ciudad se le deben estrictamente al empresariado santandereano y sólo queda imaginar cómo sería esta urbe si su sector público estuviera a la altura de las circunstancias.

Publicado por: REDACCION EDITORIAL

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