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Editorial
Miércoles 15 de mayo de 2013 - 11:45 PM

Sobre la autoridad

La autoridad no es simplemente la imposición arbitraria de la fuerza, sino que debe estar acompañada de suficiente argumentación y razón.

Publicado por: REDACCIÓN EDITORIAL

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La ciudad sufrió un primer embate de los motociclistas, quienes se manifestaron en contra de las medidas que la Dirección de Tránsito y la Alcaldía piensan implementar para reducir la accidentalidad y mejorar la movilidad.

Es un hecho que los motociclistas están abusando de la versatilidad de sus vehículos, de la debilidad de las autoridades y de la paciencia de los demás conductores, pero también debe considerarse que no todos ellos incurren en estas conductas y por más que sea necesario y urgente controlar el tráfico en su conjunto, deben dosificarse las medidas tomando en cuenta todas las variables.

Pero, aparte de las consideraciones a tomar para determinar las medidas restrictivas, merece capítulo aparte el hecho, comprobado con la protesta del martes pasado, de que en Bucaramanga se ha convertido en una especie de acertijo sin solución la manera como debe practicarse la autoridad. Y no sobra decir también, que a esa situación hemos llegado porque la autoridad cayó a niveles mínimos en una ciudad que por lustros ha dejado de ejercerla como es debido.

La autoridad no es simplemente la imposición arbitraria de la fuerza, sino que debe estar acompañada de suficiente argumentación y razón para que sean esos factores y no la fuerza los que motiven el acatamiento social de las normas que se quieren implantar.

Tal es el caso de los motociclistas, que no pueden oponerse a que la Dirección de Tránsito haga cumplir el Código Nacional que los rige. Sin embargo, se ha agudizado el debate sobre una medida que no es taxativa en tal Código y que se refiere a la carnetización de las familias de los motociclistas para que el uso de sus vehículos se circunscriba a este grupo.

La disposición, que puede tener justificación para algunas situaciones que se dan con las motocicletas en las vías, afecta negativamente a todos los propietarios que se ven impedidos de dar a su vehículo un uso como el de transportar a sus amigos, que en nada atenta contra las normas de tránsito vigentes.

En el ejercicio de la autoridad siempre hay una balanza cuyo fiel es la justicia. Es sana la intención de ordenar el tránsito de la ciudad y proteger a los mismos motociclistas de las imprudencias que muchos de ellos cometen. Lo que queda es darle a las medidas que se van a tomar el fundamento de legalidad y de justicia que requieren para que los ciudadanos acaten las disposiciones y no se repitan manifestaciones caóticas que terminan perjudicando a la ciudad en su conjunto.

Publicado por: REDACCIÓN EDITORIAL

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