Es una vergüenza que un Congreso no repudie y exija la renuncia inmediata de un miembro que desconoce tan abiertamente los derechos ciudadanos ¿O será que en el fondo a muchos golpear a las mujeres no les parece una falta tan grave?
Publicado por: REDACCIÓN EDITORIAL
A los colombianos parece ya no sor-prendernos las calidades de muchos de los personajes que hoy ocupan una curul en el Congreso. A los nexos con grupos al margen de la ley, los acuerdos burocráticos, las leyes para favorecer intereses particulares y el tráfico de influencias que han sido denunciados frente a varios de los parlamentarios, ahora aparece la violencia intrafamiliar como una de las conductas ejercidas por un congresista.
Se trata del representante a la Cámara por Casanare, José Rodolfo Pérez, quien al parecer le propinó una fuerte golpiza a su exesposa, quien se encontraba en estado de gestación. A pesar de las amenazas contra su integridad, la mujer, cansada del maltrato, denunció el hecho a la Fiscalía y lo hizo público ante los medios.
Ante las acusaciones, el representante, que llegó al Congreso con el caudal electoral de su hermano el exgobernador del Casanare Miguel Ángel Pérez, condenado por sus nexos con ‘Martín Llanos’, jefe paramilitar de la región, afirmó que se trataban de calumnias de sus enemigos políticos.
Lo que sorprende de todo esto es que en un país civilizado una acusación tan grave generaría el repudio de todas las instancias, empezando por el Congreso mismo así como la renuncia inmediata del congresista. Golpear a una mujer de la manera brutal en que lo hizo este parlamentario, es razón más que suficiente para exigir su salida inmediata. Se supone que el Congreso representa precisamente a una sociedad, y ninguna sociedad civilizada tendría a un maltratador de mujeres como su vocero.
Pero no, más allá de las expresiones de repudio de algunas mujeres congresistas que exigieron la salida de Pérez, brilló por su ausencia la fuerte condena de los demás parlamentarios. ¿Dónde está la voz de rechazo de todos aquellos legisladores que siempre que se habla del matrimonio igualitario salen a defender la institución de la familia? ¿Dónde está la voz de condena al maltrato intrafamiliar de todos aquellos que se hacen llamar defensores de la moral y la familia? ¿De lado de quién están? ¿De sus compañeros congresistas o de las mujeres maltratadas?
Es una vergüenza que un Congreso no repudie y exija la renuncia inmediata de un miembro que desconoce tan abiertamente los derechos ciudadanos ¿O será que golpear a las mujeres no les parece una falta tan grave?









