Jueves 27 de Noviembre de 2014
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Editorial
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Viernes 21 de Junio de 2013 - 12:01 AM

El agua que tomamos

Los datos asustan, el problema es crítico y la respuesta del Estado, a nivel nacional, departamental y municipal, es inferior a la dramática situación que en dicha materia vive el país. El agua que consume gran parte de los colombianos es inviable sanitariamente y es un riesgo para la salud.

Según el Índice de Riesgo de la Calidad del Agua (Irca), sistema de medición de la calidad del agua que fue creado mediante Decreto 1575 de 2007, en 317 municipios, los acueductos suministran agua cuyo consumo es de alto riesgo y en 17 municipios más ni siquiera es apta para bañarse.

Según el Ministerio de Vivienda, alrededor de 2 millones 500 mil colombianos que viven en áreas urbanas y 3 millones que residen en áreas rurales no reciben agua potable, cifras que según la Superintendencia de Servicios Públicos Domiciliarios se quedan cortas, pues sobre el agua que consumen 12 millones de compatriotas no hay información reportada válida, aun cuando se sabe que es de mala calidad.

Muchos municipios tienen acueductos obsoletos y deteriorados, sin capacidad para potabilizar aquella que exige el crecimiento de su población; acueductos que no tienen planta de tratamiento, o está abandonada por obsoleta e insuficiente, y distribuyen entre sus consumidores el agua “cruda”, en la mismas condiciones en que es captada de canales de riego o de quebradas a las que caen vertimientos de viviendas y actividades agropecuarias. El problema es grave.

Solo en 224 de nuestros 1.120 municipios se consume agua que según los índices de medición no tiene riesgo. Incluso en ciudades grandes hay prestadores del servicio de acueducto que suministran líquido de algún riesgo para sus consumidores.

En Colombia hay mucha informalidad en la prestación del servicio de agua y débiles sistemas de control de la calidad del agua que se bebe. La deforestación y las alteraciones de las condiciones climáticas afectan la calidad del líquido y el Estado, por fijar su ojo en las principales ciudades, ha descuidado en demasía lo que sucede en centenares de municipios pequeños y medianos.

La solución a este problema debe ser una política de Estado, ya que solo si se fijan pautas a largo plazo, se innova en tecnología y se da una acertada asistencia técnica a los operadores, entes territoriales y consumidores, la situación podrá mejorar.

Publicada por
REDACCIÓN EDITORIAL
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