Viernes 29 de Agosto de 2014
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Editorial
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Sábado 27 de Julio de 2013 - 12:01 AM

La crisis del transporte público urbano

Uno de los problemas que a nivel estratégico debe solucionar el país para poder aspirar a mejores destinos en el siglo XXI es el del transporte público urbano masivo.

Durante las últimas décadas, quienes piensan en función de salvar los obstáculos existentes para lograr el desarrollo y progreso de nuestras ciudades han dedicado sus esfuerzos a desatar inteligentemente tal nudo gordiano, uno de los más visibles que tenemos.

Por eso se creyó que lo implementado durante la alcaldía de Enrique Peñalosa en Bogotá era el anhelado remedio a tan espinoso asunto, y se implementó el extender dicha estrategia a las siete principales ciudades del país.

Pero en Colombia lograr que algo pase airosamente de la teoría a la práctica es un imposible y los numerosos palos que le han atravesado a la rueda de su implementación han impedido que funcione atinadamente. Tropiezos ha habido de todo tipo y tamaño. La gran mayoría de ellos producto de las enfermedades propias del subdesarrollo, y no ha sido posible vencerlos.

Es un hecho protuberante que en todo el país el número de pasajeros que usa el servicio público de transporte urbano decrece día tras día, las fallas del Sitm son cada vez más grandes y hacen saltar en añicos los estudios y cálculos de factibilidad que se hicieron al respecto.

Y en círculo vicioso se discute si la causa de la crisis es el aumento geométrico de la oferta de transporte público “pirata”, o si esta ha crecido como consecuencia de la crisis del sistema de transporte público masivo. El debate inacabable de si primero fue el huevo o lo fue la gallina.

En tanto, la tendencia de menor uso del transporte público masivo aumenta mes a mes y la competencia desleal de taxis, motocicletas, bicicletas irregulares o piratas crece y no hay control eficaz al respecto.

Por ello llegó el momento de que el Estado tome cartas en el asunto, se percate de que el tiempo de debatir al respecto ya pasó y actúe como Estado, antes de que el conflicto rompa las esclusas y las consecuencias sean arrasadoras.

¿Serán nuestras autoridades inferiores al desafío que ante sí tienen? Esa es la pregunta que se hacen los estudiosos y analistas del asunto.

Publicada por
REDACCIÓN EDITORIAL
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