Viernes 31 de Octubre de 2014
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Editorial
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Jueves 22 de Agosto de 2013 - 12:01 AM

El progreso no llega a la cultura ciudadana

Tanto Bucaramanga como Santander viven en este momento una de sus mejores épocas, especialmente en el campo económico, al punto de que algunos medios y analistas especializados han hablado del ‘milagro santandereano’ para referirse a la buena situación que pasamos.

En efecto, la ciudad, el área metropolitana y el departamento registran excelentes indicadores, la industria crece, el comercio tiene rendimientos saludables, la construcción continúa su ritmo acelerado, el turismo sigue moviéndose, los centros comerciales, los complejos médicos, las sedes universitarias, etc, le dan a Bucaramanga un aire definitivamente menos provinciano y comienzan a delinear el perfil de la ciudad moderna que todos quisiéramos tener.

Pero, lamentablemente, hay un innegable desequilibrio en este proceso y esa urbe contemporánea que nos sugiere progreso, comodidad, tranquilidad, no se aprecia sino en indicadores económicos y estructuras arquitectónicas, porque cuando miramos la realidad, en mucha gente se ve el carácter de la ciudad de las últimas dos décadas especialmente, cuando comenzaron a predominar la incultura y el desorden, características de una ciudadanía indolente, desafiante, intolerante. Desde ese punto de vista humano y social, Bucaramanga no parece haber avanzado un paso.

¿De qué sirve tratar de introducir un moderno sistema de transporte si, por una parte, el Estado falla en su implementación y, por otra, los usuarios lo desprecian y prefieren fomentar maneras ilegales de competirle y quebrarlo? Además, los conductores de toda clase de vehículos agreden permanentemente las calles, las aceras, el mobiliario público, causando daños, desorden y peligro por todas partes; la basura se tira en cualquier calle o se amontona a propósito para desafiar políticas públicas sobre re-ciclaje; las viejas casonas en el centro y noroccidente de la meseta se caen a pedazos en frente de todos y nadie actúa ni en defensa de la memoria arquitectónica, ni de la vida de quienes pueden resultar heridos por el súbito derrumbe de esas edificaciones.

Ayer nada más, vimos el deplorable ejemplo de una matanza de palomas en Cabecera por parte de personas a las que no les importó regar veneno en un parque, aunque así pusieran en riesgo también la salud y la vida de los niños, sus mascotas y demás usuarios de esa zona verde.

Bucaramanga se mueve rápidamente hacia el futuro, pero muchos bumangueses y demás residentes de la ciudad parecen preferir un estado de atraso cultural, lo que forma un desbalance que terminará por diluir o anular el beneficio que implica el progreso que por tanto tiempo esperamos.

Publicada por
REDACCIÓN EDITORIAL
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