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Sábado 22 de Agosto de 2015 - 12:01 AM

Las Corporaciones Autónomas Regionales

En la campaña electoral para la Presidencia de la República llevada a cabo en 2002, el entonces candidato Álvaro Uribe Vélez propuso la eliminación o, como mínimo, la reforma de las Corporaciones Autónomas Regionales (CAR). Luego, siendo Presidente, su gobierno presentó a estudio del Congreso un proyecto de Ley que reformaba tales entidades pero, poco después, lo retiró de las Cámaras Legislativas. El asunto cayó luego en el olvido colectivo.

En 2011 y 2012, al evaluarse los desastres que causó el fuerte invierno que padeció el país, se señaló que si las CAR hubieran sido diligentes en su actividad de prevención, no habrían ocurrido muchos de los graves daños que se presentaron. Se cuestionó la composición de sus Concejos Directivos, se señaló que estaban carcomidas por la corrupción y el clientelismo, y que les faltó previsibilidad, eficacia y eficiencia en el cumplimiento de las labores a su cargo.

El gobierno Santos Calderón habló también de reformarlas, redactó un proyecto y a éste se le cuestionó que se enfocaba en asuntos de carácter clientelista y de politización mas no tocaba el fondo del problema. Luego, todo se diluyó y las CAR siguieron funcionando como lo hacían antes del vendaval de críticas.

Lo anterior resalta que en Colombia cuando se critica la gestión de entidades oficiales, el asunto muchas veces se queda en el escándalo, las críticas son intuitivas, generalizadas, sin suficiente conocimiento de causa, impidiendo tomar certera y sosegadamente medidas que mejoren su gobernanza.

El mundo de las CAR es complejo, a todas no se les puede medir con el mismo rasero, para evaluarlas hay que examinar su diseño organizativo, sus logros, falencias, fortalezas y debilidades como máximas autoridades ambientales regionales y ejecutoras de la política ambiental nacional, responsables del ordenamiento ambiental del territorio en el ámbito regional, evaluar sus publicaciones, presupuestos, planes, programas, su disponibilidad de recursos económicos, humanos, su transparencia en la contratación, etc.

Es decir, debe analizarse no a las CAR en general, sino a cada una de ellas en particular ya que las hay eficientes, en ascenso en el cumplimiento de sus funciones; otras están estancadas y las más van cuesta abajo, como es el caso de la de Santander.

A estas últimas es a las que es urgente revisar a fondo, intervenirlas, corregir sus yerros administrativos, revisar su contratación, erradicar la corrupción y clientelismo que en su seno existe.

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