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Jueves 17 de Agosto de 2017 - 12:01 AM

La extraviada majestad de la justicia

Por supuesto que preocupa, y gravemente, que tres ex presidentes de la Corte Suprema de Justicia estén ahora formalmente vinculados a una investigación porque se encontraron méritos suficientes al hallarlos presuntamente vinculados a casos de corrupción.

Que tales personajes hayan estado en el punto más alto de la pirámide de la justicia es un golpe categórico contra ésta que es la insignia de la institucionalidad en un Estado Social de Derecho como el nuestro. La rama jurisdiccional es prácticamente esa última instancia sobre la que descansa la confianza de los ciudadanos, que consideran que así se degrade la acción de las otras ramas, al llegar el delito al supremo juicio de las altas cortes, la salud del Estado se recupera y las demás instituciones tienen la oportunidad de restablecerse.

Pero cuando esas altas cortes se han dejado contaminar por la descomposición que satura al ejecutivo y el legislativo, la esperanza que queda es poca y cuando se sabe que la corrupción que comienza a verse en la cúspide de la rama jurisdiccional es el final de un proceso de deterioro moral que empieza en la base misma de la estructura, los ciudadanos deben estar atentos a la situación y tomar cartas en el asunto.

Algunos juristas, fustigados tal vez por la indignación obvia que causa la noticia, han propuesto una Constituyente como salida pronta a una crisis tan profunda, pero cabe pensar que no necesariamente unas medidas de choque y de forma son solución de largo plazo, además de lo delicado que pueda ser el que una Constituyente pierda su rumbo y, prevalida de sus poderes soberanos, termine extralimitándose y sea, como el aforismo lo dice, peor el remedio que la enfermedad.

Lo que es históricamente innegable es que a esta calamidad moral hemos llegado luego de un largo proceso de relajamiento social, por lo que solo mediante un proceso igualmente intenso y extenso de reeducación en los niveles básicos y de replanteamiento sobre la formación de los abogados en las facultades de derecho, podemos pensar que la justicia recupere su majestad, que los jueces operen en el sentido del bien y que los altos dignatarios de la rama vuelvan a ser el bastión que proteja la institucionalidad y provea la salud del Estado en su integridad.

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