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Sábado 19 de Agosto de 2017 - 12:01 AM

La viciosa forma de administrar municipios

ARCHIVO/VANGUARDIALIBERAL

La democracia representativa es una forma de gobierno en la que los ciudadanos eligen a quienes administran al Estado. Ante el cúmulo de crisis que ha habido en los regímenes democráticos entre finales del siglo XVIII y hoy, se ha establecido que para que una democracia funcione y subsista debe haber sólidos mecanismos de control que frenen los excesos de los gobernantes.

La ideas que primaron entre quienes lograron la independencia de Estados Unidos, entre aquellos que estructuraron las ideas que divulgó la Revolución Francesa, entre quienes forjaron la independencia de los países hispanoamericanos y edificaron los Estados Naciones de América Latina, tuvieron como norte la democracia y por eso desde hace poco más de dos siglos nuestros Estados Naciones se administran con base en los resultados de elecciones que dan legitimidad a los gobernantes que eligen las mayorías.

En desarrollo de ello en Colombia la Constitución de 1991 regló la elección popular de alcaldes y gobernadores para llevar a nivel municipal y departamental la democracia representativa. Pero ello no ha funcionado debidamente y los ciudadanos han terminado, de hecho, cediendo sus derechos y valores más caros a grupos de hábiles electoreros que al gobernar dejan que se desboque su ambición de poder y dinero. Como expresó Tomás GarrigueMazarik, el primer presidente de la ya extinta Checoslovaquia, “la democracia tiene defectos porque la gente tiene defectos”. Y es gente la que elige a los gobernantes y lo son quienes gobiernan.

Lo que ha aflorado en las investigaciones contra el alcalde de Cartagena, Manuel Vicente Duque y sus colaboradores, pone de presente que nuestra democracia a nivel municipal y departamental no funciona porque hábiles camarillas electoreras se han apoderado de los municipios y los departamentos para tejer redes de corrupción y tráfico de influencias, negociar contratos estatales, usar indebidamente información privilegiada para beneficio de particulares, expoliar la figura de las “órdenes de prestación de servicios”, etc.

Para lograrlo, manipulan las emociones pero sobre todo sobornan a los electores en época de comicios y una vez posesionados de los cargos, se dedican a saquear sin misericordia el erario.

Así, para frenarlos es necesario que severa y eficazmente actúen los controles administrativos y judiciales que también tienen una gran cuopta de responsabilidad en este desastre.

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