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Viernes 06 de Octubre de 2017 - 12:01 AM

La bancarrota de los transportadores urbanos

Archivo /VANGUARDIA LIBERAL

En Bogotá, varias empresas de transporte urbano masivo de pasajeros están tramitando ante la Superintendencia de Sociedades procesos de insolvencia, pues tienen deudas por varios cientos de miles de millones de pesos. Estas forman parte del Sistema Integrado de Transporte Público (SITP) de la capital del país, operadores del sistema Transmilenio. El problema es inmenso. Mas la crisis no es solo de los operadores del sistema de transporte masivo de pasajeros de Bogotá, sino que se extiende a las siete principales ciudades del país, entre ellas a Bucaramanga.

El actual modelo de transporte masivo en nuestras más importantes ciudades nació de varios documentos Conpes, se creyó era solución al crítico problema de movilidad de los centros urbanos, pero ha demostrado tener defectos estructurales que lo están llevando a la ruina. Tiene fallas de operación, flotas de buses insuficientes, errores en la creación de las sociedades operadoras, implantación lenta, estudios de factibilidad erróneos, pocos pasajeros transportados por kilómetro, errores administrativos, etc.

Además, para implementarlo se impuso en forma abrupta y antitécnica la creación de las sociedades de transportadores que son sus operadores, sin socializar previamente con ellos lo que ese paso implicaba.

Tales sociedades de transportadores no surgieron como producto de un acuerdo de voluntades entre sus accionistas, sino como una imposición de las autoridades nacionales que les hicieron crearlas en tiempo record sin que los dueños hubieran podido analizar suficientemente los pros y contras de lo impuesto.

El anterior sistema de transporte público de pasajeros implicaba que diaria, semanal, o quincenalmente se hacían cortes de cuentas, se pagaba a los conductores, a los propietarios de los buses y las cuotas de administración de las empresas transportadoras. De golpe se les convirtió en accionistas de sociedades que solo al final de cada ejercicio anual, con base en estados financieros, determinan si hay o no utilidades para repartir entre los accionistas. ¡Y en todos estos años no las ha habido! En resumen, se creó un nuevo paradigma que ha sido ruinoso para los operadores y, además, abrió las puertas a un Frankenstein incontrolable, el transporte pirata.

En pocos meses habrá en Bogotá una aguda crisis de transporte urbano de pasajeros. ¿Qué hacer? Si se procede inteligentemente, se revisa ya, de arriba abajo,el sistema y no se imponen erráticas soluciones.

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