Domingo 05 de Noviembre de 2017 - 12:01 AM

Unas campañas que ya empezaron mal

No es necesario ser experto en materia electoral para augurar que el próximo año todos los topes estipulados por la ley en cuanto a los gastos de las campañas no serán más que un saludo a la bandera.

El próximo año estará marcado por las elecciones. Los comicios para el Congreso de la República y la Presidencia serán sin lugar a dudas los eventos decisivos del 2018 y no solo en materia política, sino económica y social. Pero todo eso es de conocimiento público.

No obstante, lo que sin duda alguna llama la atención es que esas elecciones, sin haberse iniciado oficialmente, ya comenzaron, y lo hicieron de la peor manera posible.

Y es que más allá de los ataques entre los principales contrincantes al primer cargo de la Nación, lo cual era de esperarse dada la polarización creciente entre la opinión pública, otro aspecto que prende todas las alarmas de la ciudadanía, mas no de los organismos de la justicia, es la aparición temprana de todos los vicios y malas costumbres tradicionales que desde ya se sabe, empañarán los resultados electorales.

Instituciones del estado nacionales, departamentales y municipales puestas al servicio de candidatos a diferentes corporaciones públicas; burocracia pagada por los contribuyentes dedicada de tiempo completo a trabajar en campañas de mentores políticos así como infinidad de bienes oficiales puestos al servicio de caciques y aspirantes a ocupar puestos de elección popular, son apenas la primera parte de la ecuación.

Y es que la segunda, igual o más peligrosa aún, está compuesta por las cascadas de dinero de todo tipo, legal e ilegal que anegarán las campañas para financiarlas buscando réditos futuros.

De hecho, no es necesario ser experto en materia electoral para augurar que el próximo año todos los topes estipulados por la ley en cuanto a los gastos de las campañas no serán más que un saludo a la bandera, así como se puede asegurar también sin mayor peligro a fallar que ese exceso de gastos será arropado por la impunidad.

En otras palabras, los colombianos asisten desde ya una vez más como testigos a la manera en que se siembran las semillas de la corrupción, de la cual es en buena parte responsable la financiación ilegal de las elecciones cuyos inversionistas sin escrúpulos lo hacen con el único fin de multiplicar sus rendimientos más tarde bajo el manto de la contratación estatal amañada y con sobrecostos.

El panorama desde ya lamentable-mente no luce bien. La historia de siempre comienza a repetirse tanto desde la orilla de los vicios y la indecencia como desde la negligencia del estado para controlarlos.

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