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Domingo 03 de Diciembre de 2017 - 12:01 AM

Cuando la politiquería toma el control

Valiente y necesaria ha sido la intervención de la Fiscalía General de la Nación en Santander, que por fin ha tomado determinaciones sobre la profunda corrupción que desde hace años se había enquistado en la contratación pública tanto a nivel local como departamental.

Los hallazgos de la Fiscalía son de una gravedad profunda y muestran cómo los tentáculos de la corrupción han permeado casi todas las esferas de lo público. Por eso, el actuar de la Fiscalía revive la esperanza ciudadana de que al fin algo pasará frente al actuar descarado de estos corruptos, que a veces parece no tener límites.Y parece no tener límites, porque las entidades encargadas de investigar estas conductas delincuenciales han estado también permeadas por esa corrupción, desde que se convirtieron en parte del festín burocrático que se reparten los políticos cuando llegan al poder y que les asegura que no serán “molestados” por las entidades de control.

En el caso de Bucaramanga, por ejemplo, resulta sospechosa la manera como el contralor Jorge Gómez Villamizar ha supuestamente investigado y exonerado a los funcionarios con los cuales posee una amistad personal o son parte del Partido Liberal, al cual él pertenece.

Es que mientras el Fiscal General encontró gravísimos indicios de responsabilidad del exalcalde de Bucaramanga Luis Francisco Bohórquez y otros miembros de su equipo en las irregularidades administrativas, el contralor Jorge Gómez ha desestimado las denuncias establecidas en casos específicos como las contrataciones de miembros de la iglesia Manantial de Amor o Metrolínea, entre otros, y ha ordenado archivar las investigaciones.

Pero no es solo en la Contraloría municipal. La Contraloría regional y las Procuradurías provincial y regional han estado en cabeza de personas cercanas al Partido Liberal, y mientras la Fiscalía General concluye que hay mérito suficiente incluso para capturar funcionarios, los entes de control regionales concluyen que aquí no ha pasado nada.

Este es el resultado evidente de tener entes de control en manos del poder politiquero de la región. Mientras las cabezas de estos entes de control regional sigan estando en manos de los caciques más poderosos del departamento, la historia seguirá siendo la misma: podrá seguir la corrupción rampante en todas las entidades públicas y estas instituciones seguirán afirmando que aquí no pasa nada.

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