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Jueves 14 de Diciembre de 2017 - 12:01 AM

La tragedia de los peatones en las vías de la ciudad

Archivo /VANGUARDIA LIBERAL

Viene registrándose en Bucaramanga y el área metropolitana un preocupante incremento en la accidentalidad de los peatones, situación que implica a todas las personas dado que compartimos el espacio público y en particular las vías de la ciudad.

En las últimas semanas, peatones de todas las edades han muerto víctimas de accidentes de tránsito, lo que plantea una situación que es el resultado de la acumulación de factores relacionados con el tráfico que no han sido tratados con la suficiente presteza ni con la debida eficacia.

Nadie se sorprenderá si se afirma que en Bucaramanga impera un tránsito desquiciado: desde la circulación de motos a toda velocidad a cualquier hora del día o la noche y por las principales vías de la ciudad, pasando por la insuficiente capacidad de las calles para contener el inatajable ritmo de crecimiento del parque automotor, tenemos también el problema del parqueo de carros y motocicletas en el espacio público que obliga al peatón a salir de la acera y caminar por el asfalto, con el peligro evidente que eso conlleva; tenemos estos y muchos más problemas con la movilidad de la ciudad sobre la que, desde hace varios años, la autoridad de tránsito ha sido inferior a su responsabilidad.

Pero, aparte de esto, preocupa que en el creciente número de accidentes de peatones, muchos de los casos se deban a la responsabilidad de estos y no solamente de los conductores. La imprudencia de los peatones accidentados o de sus acompañantes es, en muchos casos, la razón de este fenómeno. Niños o ancianos que cruzan solos las avenidas, padres que lo hacen también con niños de brazos y por lugares de extrema peligrosidad, distracciones, exceso de confianza y hasta desafíos de peatones a conductores, son causas de esta estadística mortal.

Y no son pocos los que pierden la vida en el asfalto debajo o a muy pocos metros de los puentes peatonales, lo que indica que, además de la autoridad y los medios técnicos necesarios para garantizar la integridad y la vida de conductores y peatones, es protuberante la falta de educación de todos en las vías de la ciudad.

Así las cosas, vemos que la accidentalidad causada por el tránsito es un problema del que hoy todos somos parte y, por tanto, con educación y prudencia, para comenzar, podríamos convertirnos en solución.

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