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Sábado 16 de Diciembre de 2017 - 12:01 AM

El aeropuerto El Dorado y la región santandereana

ARCHIVO/VANGUARDIALIBERAL

Para la vida y la economía del siglo XXI es fundamental el estar comunicado por vía aérea sin tropiezos, eficiente y rápidamente. Eso, en la Colombia de nuestros días no es posible, excepto para quienes viven en Bogotá, pues casi todos los vuelos desde y con destino a las más diversas regiones y ciudades obligatoriamente deben pasar por el aeropuerto El Dorado, que concentra la inmensa mayoría de tráfico aéreo de pasajeros del país, tanto en materia de vuelos domésticos como internacionales. El centralismo de las operaciones entorpece y encarece el transporte aéreo, las actividades empresariales, profesionales, académicas y turísticas, hace largos y azarosos los viajes.

Y para completar, Avianca moviliza más del 70% del volumen de pasajeros y los vuelos con destino a Bucaramanga o procedentes de nuestra capital deben llegar al Puente Aéreo, terminal que es una suma de falencias, incomodidades y falta de confort. Pese a los pronósticos y promesas, estamos anclados a tan poco estética e incómoda edificación y no se sabe hasta cuándo todo seguirá así.

De hecho, al aeropuerto El Dorado se le han hecho adecuaciones, ampliaciones y reformas, han aumentado su capacidad operativa, mejorado sus instalaciones, pero lo hecho es insuficiente ante la demanda de pasajeros que tiene y sus pistas están ya muy cerca del tope de su capacidad operativa.

El gobierno central está planificando construir El Dorado 2, aeropuerto que quedará entre Madrid y Facatativa y tiene ya plan maestro. Se estima que su primera fase estará operando en 2023, es decir, dentro de 6 años, si lo propuestado se vuelve un hecho.

¿Significará esto que las incomodidades, tropiezos y deficiencias del lugar a donde deben llegar en Bogotá los vuelos procedentes de Bucaramanga debemos padecerlas por lo menos 6 años más?

Nuestros gobernantes y quienes tienen la representación de los santandereanos ante el gobierno central y las instituciones nacionales tienen la obligación de actuar y en forma acertada, pues seguir usando el Puente Aéreo afecta mucho a Bucaramanga y a Santander.

Mientras las cosas sigan como están hoy en materia de conexiones aéreas no podremos despegar debidamente en materia turística, económica, académica y de demanda de nuestros centros médicos y hospitalarios.

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