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Sábado 23 de Diciembre de 2017 - 12:01 AM

Las URI y el problema carcelario

Las Unidades de Reacción Inmediata (URI) son dependencias de propiedad de la Fiscalía General de la Nación; su función es alojar, por pocas horas, a las personas privadas de la libertad mientras se les adjudica el centro de reclusión en el que deben permanecer, es decir, son puntos de paso, no son aptas para que allí permanezca alguien en condición de detenido durante semanas e incluso, meses.

Sin embargo, Colombia arrastra desde hace más de medio siglo un déficit alto en materia de construcción de cárceles, hay un número insuficiente de ellas y como medida de urgencia se usa a las URI para que allí permanezcan mucho tiempo personas que están detenidas.

Eso provoca hacinamiento en las URI y como sus construcciones no tienen suficientes medidas de seguridad, de ellas se evaden reclusos, en ellas confluyen adultos, personas discapacitadas, seres con trastornos siquiátricos; hay quienes tienen enfermedades de transmisión sexual, detenidos que padecen enfermedades contagiosas, extranjeros, etc. Las URI no tienen las necesarias condiciones de salubridad, el desaseo es resaltante, la batería de servicios sanitarios insuficiente, en fin,en su interior todo es dantesco.

La vida en los barrios donde hay una URI es una zozobra. Presos que se evaden, unidades policiales que los persiguen; en más de una ocasión ante la saturación de detenidos, la Policía ha optado por medidas tales como atar a árboles de parques cercanos a capturados. Así, las URI son parte del problema carcelario y de la crisis de seguridad pública del país.

Las cárceles colombianas no son realmente centros de rehabilitación sino escuelas del crimen, en las que hay una sociedad paralela que está fuera del control del Estado.

Grupos del crimen organizado tienen su sede principal en las cárceles y desde ellas se coordinan sus acciones; para sus líderes delinquir desde adentro es más cómodo que cuando están en libertad.

Los presidios (y como parte de ellos las URI) no son instrumento de disuasión para la comisión de delitos, no son centros de rehabilitación y de reinserción social. Así, en ellos todo está fuera de control.

El problema de las URI, en especial, crece día tras día, el hacinamiento agrava su crisis y cada vez es más difícil en su interior mantener el control y el orden.

 

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