Lunes 08 de Enero de 2018 - 12:01 AM

El triste ocaso de Fonade

Del Fonade ideado por la administración Lleras Restrepo a la entidad estatal de los últimos años, a disposición de Bernardo “Ñoño” Elías, Musa Besaile, varios congresistas más y “el cartel de la toga”, ha corrido mucha agua bajo el puente.

La administración Lleras Restrepo, en desarrollo de la reestructuración que hizo de la administración pública, mediante el Decreto 3068 de diciembre de 1.968, creó con ilusiones el Fondo Financiero de Proyectos de Desarrollo – Fonade como entidad financiera estatal de fomento y desarrollo adscrita a Planeación Nacional, con la misión de preparar, evaluar, financiar, estructurar, promover y ejecutar proyectos, en especial los del Plan Nacional de Desarrollo. Nació como una entidad estatal de primer orden, pilar del desarrollo y de obras públicas básicas para el país.

Pero en Colombia la suerte de promisorios planes, proyectos, programas y entidades públicas suele ser, habitualmente, poco grata. A poco andar, comienzan a ser objeto de reformas, a modificarse su misión y con más frecuencia de la que fuere de desear, terminan bajo la tutela de “caciques” electorales que vuelven sus nóminas pasto de engorde de sus “clientelas políticas” y su presupuesto nicho de múltiples actos de corrupción con contratistas “de bolsillo”. Un ejemplo de ello es Fonade.

Las expectativas con que fue creada chocaron con los caminos que ha tenido que transitar a lo largo de los últimos 50 años. Del Fonade ideado por la administración Lleras Restrepo a la entidad estatal de los últimos años, a disposición de Bernardo “Ñoño” Elías, Musa Besaile, varios congresistas más y “el cartel de la toga”, ha corrido mucha agua bajo el puente.

Un trabajo de auditoría llevado a cabo por la Contraloría General de la República en Fonade, pone en evidencia la mala gestión y la laxa administración de los recursos públicos que ha hecho. De ser entidad estatal ágil, de calidad, ha pasado a ser incumplida en la ejecución de proyectos y obras, lerda en su gestión, incompetente.

Conforme al análisis de la Contraloría, el 76% de los convenios que firma no se terminan a tiempo, deja obras inconclusas, hace “alegre” entrega de anticipos a contratistas que no se sabe qué destino dan a tales dineros, hace millonarias adiciones a contratos que demoran en su ejecución más del doble del término pactado para su entrega, hace deficiente gestión de convenios celebrados con otras entidades públicas, entre otras irregularidades.

Ante el informe de la Contraloría angustia percatarse el que en el Estado colombiano, con el paso del tiempo, los esfuerzos hechos tienen un atardecer lánguido, frustrante.

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