Sábado 03 de Febrero de 2018 - 12:01 AM

El control y vigilancia de las construcciones

En Colombia mucho se ha luchado para que la administración pública y las decisiones dejen de estar centralizadas, para que no sea en Bogotá donde se determine el qué hacer en las regiones.

En Colombia mucho se ha luchado para que la administración pública y las decisiones dejen de estar centralizadas, para que no sea en Bogotá donde se determine el qué hacer en las regiones. Se considera que esta es una causa del desarrollo desigual e inequitativo del país. Hace 30 años, en 1988, se dio un paso importante hacia la autonomía de las regiones al comenzar a ser elegidos popularmente los alcaldes. Tres décadas después, es evidente que tal experiencia tiene máculas y decisiones que se descentralizaron, han debido ser retomadas por el poder central, pues la inescrupulosidad, corrupción, amiguismo, clientelismo y otras perniciosas costumbres han desfigurado tal conquista. Ejemplo de ello es lo ocurrido con la construcción de edificaciones en los cascos urbanos de los municipios.

La lista de dependencias y empleados públicos que tienen funciones de control y vigilancia de la construcción de edificaciones para que cumplan las normas asombra, si se contrasta con casos como el del edificio Space en Medellín, el del edificio Portal de Blas de Lezo y de 16 edificaciones más en Cartagena, para mencionar los más sonoros.

Las licencias de construcción las expiden las curadurías urbanas siguiendo lo reglado en los POT, en las normas constructivas y urbanísticas vigentes. Tienen funciones de vigilancia y control sobre las construcciones, fuera de las curadurías, las inspecciones de Policía, las estaciones de Policía, las alcaldías, las oficinas de control urbano, las secretarías municipales de Planeación, las personerías, las juntas administradoras locales. Y pese a ello, hay casos como los de Medellín y Cartagena y un buen número más por todo el país que no ha salido a flote.

Al edificar, se le saca el cuerpo a las normas de construcción, se hace sin diseños previos, o los hay, pero no se cumplen, se obtienen licencias de construcción para levantar determinado número de pisos y se edifican más plantas de las autorizadas, se usan materiales de construcción no aptos, no se llevan bitácoras y un largo etcétera de anomalías que generan hondo daño económico a miles de familias, a la convivencia, a la economía de las ciudades, al desarrollo y progreso, etc. El problema es ético, disciplinario, de responsabilidad profesional, civil, penal y administrativo. Todo lo volvemos laxo, moldeable a nuestras conveniencias; así no puede ser.

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