Viernes 09 de Febrero de 2018 - 12:01 AM

Un sueño muchas veces roto

El estudioso que haga un análisis de aquellas cosas sustanciales para el país que a lo largo de la segunda parte del siglo XX el alto gobierno dejó a un lado, por falta de voluntad política y visión, debe dedicar un largo y sesudo capítulo a lo ocurrido con la navegabilidad del río Magdalena.
ARCHIVO/VANGUARDIALIBERAL

El olvido, la indiferencia del Estado frente a la suerte de la más importante corriente fluvial del país, sobrecoge; su cauce es la más grande autopista hídrica para el tránsito de mercancías y turismo que se pueda soñar, baja los costos de los fletes significativamente y es fundamental para que Colombia pueda ser competitiva en el siglo XXI.

Hace varios años se decidió enmendar tal yerro y recuperar la navegabilidad por dicho río. Se hicieron los estudios previos y, luego, se sacó a licitación pública la adjudicación del costoso contrato para hacer las obras exigidas paras que el río volviera a ser navegable y las poblaciones ubicadas en su ribera fueran, nuevamente, protagonistas del desarrollo nacional. Desafortunadamente, la multimillonaria obra se adjudicó a un consorcio integrado por Odebrecht (87% de participación) y Valor con (empresa de la familia Gerlein, 13% de aportes). Allí comenzó a romperse un sueño tantas veces destrozado.

Odebrecht, usando a personajes grises como Otto Bula y el ‘Ñoño’ Elías, torticeramente buscó incidir para que se aprobara el cierre financiero del contrato, estalló el escándalo de corrupción de la empresa brasileña, no hubo cierre financiero, Cormagdalena debió decretar la caducidad del contrato, fenómeno que provoca consecuencias complejas, el consorcio cayó en la insolvencia y hace algunas semanas la Superintendencia de Sociedades lo declaró en Liquidación Judicial, es decir, en bancarrota. En tanto, la Contraloría General de la República alerta sobre millonarios pagos irregularmente hechos, sin los soportes necesarios.

En ese punto muerto está tan sustancial asunto. Inversionistas extranjeros y nacionales destinaron más de dos mil millones de dólares a inversiones en infraestructura, puertos, bodegas, barcazas, remolcadores, etc., y ahora demandan al Estado por las grandes pérdidas sufridas ante lo ocurrido; se ignora cuanto tiempo durarán las cosas en tierra de nadie.

Todo ello ha lesionado agudamente a Barrancabermeja, que amargamente suma ya la no modernización de su refinería, el complejo Sebastopol en Antioquia y el sueño nuevamente roto de la navegabilidad del río Magdalena.

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