Martes 27 de Febrero de 2018 - 12:01 AM

¿En qué mundo viven nuestros niños?

No podemos seguir arriesgando la vida, la integridad y la salud física y mental de los menores por la incapacidad del Estado en el cumplimiento de sus responsabilidades con ellos.

No es simplemente un cliché sostener que de la manera como se formen nuestros niños tendremos definida buena parte de la manera como se comportará el país en los próximos años. Es por esta razón, simple pero fundamental, que noticias como la conocida este fin de semana en Soacha, donde un hombre habría violado a dos niñas de siete y ocho años, en un hogar del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar, obliga acciones serias y de fondo sobre la vigilancia de los miles de niños que en todo el país están a cargo de esta entidad.

El Icbf tiene en sus manos una responsabilidad inmensa, como lo es el futuro de niños que si llegan a sus programas, es porque previamente han sufrido abandono, maltrato o, como es el caso que comentamos, están diariamente bajo el cuidado de madres sustitutas, ante la imposibilidad de sus propias familias de hacerse cargo. Pero a pesar de que son estos niños tal vez los más vulnerables de nuestra sociedad, aún falta mucho para que estos hogares sean el lugar donde se garantizan a plenitud sus derechos.

Por supuesto que existen hogares del Icbf donde los profesionales dan todo para el cuidado de estos niños. Pero desafortunadamente esta historia de abuso, como el de Soacha, donde el presunto abusador era el compañero permanente de la madre sustituta, no ha sido el único. Es una muestra del grado de exposición en que pueden estar los pequeños en algunos de estos hogares y prueba de que aún faltan medidas para salvaguardar la integridad de los menores.

Es crucial llamar la atención sobre esta situación, más cuando se trata de niños en las condiciones de mayor vulnerabilidad. Según las cifras que ofrece Medicina Legal en su último informe público, más del 80% de los casos de agresiones sexuales en el país se cometieron contra los niños, especialmente los que están entre los 10 y 14 años. En cifras brutas, este porcentaje representa 19.592 ataques sexuales contra los menores durante 2017, una auténtica tragedia, cualquiera sea la perspectiva desde la que se le mire.

No podemos seguir arriesgando la vida, la integridad y la salud física y mental de los menores por la incapacidad del Estado en el cumplimiento de sus responsabilidades con ellos. Ya es hora de que se plantee y se ejecute una política seria y de largo plazo en favor de los niños colombianos y de que se priorice la atención en los hogares del Icbf.

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