Viernes 02 de Marzo de 2018 - 12:01 AM

La ciudadanía y el transporte informal

Mucho tiempo pasará antes de lograr vencer el fenómeno del transporte informal, pues ya es una realidad social, amplios sectores de la comunidad están a tono con él y llevan más de 10 años usándolo

Un estudio reciente pone en evidencia que amplios sectores de Bucaramanga y los municipios que conforman su área metropolitana prefieren usar el transporte informal que los medios de transporte masivo de pasajeros que el Estado ha diseñado e impulsado, con el propósito e intención teóricos de mejorar la movilidad en las vías vehiculares citadinas y combatir el daño que al medio ambiente causa el combustible que quemaban los antiguos buses urbanos.

Los errores cometidos en la implantación del sistema conocido como Metrolínea, la decisión de haber quitado de un tajo el sistema de buses urbanos que cubrían los barrios y el no haber podido la nueva red de transporte público reemplazar con suficiencia la demanda de tal servicio en barrios y comunas provocó la proliferación del transporte informal (mototaxismo y autos que “piratean” el transporte colectivo). Así, se multiplicó aquello que buscaba acabar el nuevo sistema de transporte masivo de pasajeros y en lugar de haber en la ciudad formas de transporte más amables con el medio ambiente, que mejoren la calidad de vida, las motocicletas y los viejos vehículos usados para hacer transporte informal han aumentado la emisión de gases efecto invernadero en las calles de Bucaramanga y generado gran caos vehicular.

Los errores en que incurrió el Estado al implantar precipitadamente la nueva política o paradigma de transporte público urbano provocaron graves daños sociales, económicos y medioambientales y será muy difícil y lento hacer que las cosas vuelvan a su cauce normal.

Mucho tiempo pasará en Bucaramanga y en los municipios que conforman su área metropolitana antes de lograr vencer el fenómeno del transporte urbano informal, pues ya es una realidad social, amplios sectores de la comunidad están a tono con él y muchos bumangueses llevan cerca de 10 años usándolo para trasladarse de un sitio a otro de la ciudad; ante eso, las medidas de represión son insuficientes y son rechazadas por diversos sectores de la comunidad.

El transporte urbano informal de pasajeros ha vuelto inmensamente caótico y agresivo el tráfico vial citadino, atenta diariamente contra el progreso, desmejora la calidad de vida de sus habitantes y está en mora el Estado de estudiar con sensatez inteligentes soluciones a este fenómeno social, que es un generador de inseguridad e intranquilidad ciudadana.

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