Domingo 04 de Marzo de 2018 - 12:01 AM

Bajemos el tono a las campañas

Tal vez los más jóvenes no entiendan la gravedad de la radicalización de las posturas ideológicas, pero la historia está llena de ejemplos en los que tal camino solo llevó a una realidad de dolor y sangre

Este fin de semana, dos hechos preocupantes sucedieron en diferentes actos de las campañas políticas. El primero ocurrió en Popayán, el viernes, cuando el expresidente Uribe se encontraba haciendo proselitismo a favor de su partido y fue insultado por un grupo de manifestantes. Las cosas se agravaron y las explosiones de papas bomba volvieron la manifestación política un caos.

Pero horas después, el caos se vivió en Cúcuta, cuando el candidato a la presidencia Gustavo Petro pretendía llegar a una plaza pública. Al igual que en Popayán, los insultos vinieron de todas partes, pero luego la caravana donde se movilizaba el candidato fue atacada. Aunque inicialmente su equipo de trabajo afirmó que habían sido impactados por balas, por el estado de destrucción en que quedaron los vidrios de su camioneta blindada, posteriormente Petro afirmó que se había tratado de piedras.

Estos dos hechos muestran la dolorosa polarización en la que se sumió el país. Parece que la agresión, que se volvió la constante en las redes sociales, traspasó el campo de lo virtual y llegó a las calles. El hecho de que estas dos agresiones hayan ocurrido a líderes que representan dos posturas ideológicas opuestas, muestra que ambos extremos han llegado a la radicalización de un discurso y se llegó a un punto imposible de debate entre sus seguidores.

Tal vez los más jóvenes no entiendan la gravedad de la radicalización de las posturas ideológicas, pero la historia está llena de ejemplos en los que tal camino solo llevó a una realidad de dolor y sangre. No podemos permitir que el país regrese a oscuros momentos ya superados, donde los candidatos presidenciales fueron asesinados para silenciarlos.

Es deber del Estado garantizar la seguridad de todos los candidatos. Pero es deber de todos ya bajarle el tono a las campañas. Y esta responsabilidad empieza por los mismos aspirantes, que muchas veces han encontrado en la radicalización de su discurso una manera de generar pasión en sus seguidores, pasión que se ha desdibujado en agresión. Y esta responsabilidad no se agota ahí. Es de cada uno de los colombianos.

Todos debemos bajarle a la agresión en cada uno de los entornos. Pero es también momento de que los medios hagamos una reflexión. Debe cuidarse el periodismo nacional de incendiar los ánimos sino, más bien, propiciar la concordia.

Construir una sociedad democrática y tolerante donde se pueda debatir sin agredir, es una urgencia de nuestro país.

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