Viernes 16 de Marzo de 2018 - 12:01 AM

Las fallas electorales de la Registraduría

La actitud asumida por la cabeza de tal entidad estatal pone en evidencia que en Colombia los funcionarios públicos no tienen la entereza de asumir responsabilidades y en lugar de aceptar los errores cometidos y dar un paso al costado, se lavan las manos.

Uno de los grandes protagonistas de las elecciones del pasado domingo 11 de marzo fue, sin duda, la Registraduría Nacional del Estado Civil y en el papel que desempeñó, desafortunadamente, sobresalen manchas que no deben ni ser minimizadas, ni diluidas por el paso del tiempo, o por el correr de otros hechos noticiosos.

Ninguno de los errores en que incurrió la Registraduría es de poca monta, razón por la que extraña la reacción del Registrador Nacional del Estado Civil, Juan Carlos Galindo Vácha, ante el país. No aceptó haber incurrido en yerros, como cabeza de la entidad a cargo del proceso electoral, no hizo una autocrítica pública por los protuberantes errores en que se cayó, esos que afortunadamente, por el buen comportamiento de la ciudadanía, no derivaron en lamentables hechos de orden público.

La actitud asumida por la cabeza de tal entidad estatal deja mucho que desear y pone en evidencia que en Colombia los funcionarios públicos no tienen la entereza de asumir responsabilidades y en lugar de aceptar los errores cometidos y dar un paso al costado, se lavan las manos. Esta vez las responsabilidades fueron superiores al proceder del administrador. La mancha más protuberante (no la única) fue la mala distribución de tarjetas para las consultas presidenciales en los puestos y mesas de votación. La excusa dada por el señor Registrador fue destrozada por los hechos en pocas horas. El problema fue administrativo, la solución adoptada es peligrosa, no tiene suficiente sustento legal y hay vacíos en materia de Derecho Electoral. A ello se suma que los tarjetones para votar que diseñó la Registraduría no eran de fácil comprensión para el electorado, lo que se demuestra con el altísimo número de votos nulos que hubo. De ñapa, bastantes jurados desconocen normas básicas en materia electoral y ello entraba el proceso de votación.

Además, es grave que el software usado no sea de la Registraduría sino de un particular, como lo resalta el Consejo de Estado en la sentencia proferida en el caso de los senadores del Mira, pues según este caso, no es confiable ni seguro; mina la transparencia del proceso.

Así, bastantes cosas deja que desear la labor de la Registraduría Nacional del Estado Civil en el pasado proceso electoral. ¿Qué ocurrirá en los comicios que habrá en poco más de dos meses?

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