Sábado 17 de Marzo de 2018 - 12:01 AM

La quema de bosques

Hay que volver a mirar muchas cosas, a no depender económicamente tanto de la extracción de petróleo y carbón, a hacer Estado y sociedad en todo el territorio y frenar la deforestación que nos está quitando el futuro.
Colprensa /VANGUARDIA LIBERAL

Una constante de nuestro país, desde tiempos remotos, es la pérdida de bosques, la deforestación, las quemas de vegetación; esa es una de las principales causas del aumento de los gases efecto invernadero en nuestro medio. Basta percatarse que entre el momento en que se suscribió la paz con las Farc y hoy, lapso inferior a dos años, en los departamentos de Caquetá, Meta, Putumayo, Chocó, Nariño y en el Catatumbo, la deforestación ha aumentado en un 44% y ello es consecuencia de la falta de presencia efectiva y real del Estado en esos territorios. Las consecuencias golpean duramente a la biodiversidad y a la especie humana.

En Colombia los bosques han desaparecido galopantemente año tras año, lo que sigue ocurriendo. Anualmente, se tumban miles de hectáreas de bosques ya sea para expandir la frontera agrícola, o para volver los bosques pasturas para ganadería extensiva, o para especular con el precio de la tierra, o para hacer minería de socavón y a cielo abierto, o para construir carreteras, o sembrar narcocultivos, o para extraer ilícitamente maderas, o como efecto de la fumigación y erradicación de cultivos ilícitos.

A eso se suma la práctica tradicional de quema de tierras para sembrar cultivos de pancoger y algo que merece mención especial por la gravedad que conlleva: las quemas de la selva amazónica y la Orinoquia, que son crímenes contra la humanidad.

Somos un país con mucha biodiversidad y ecosistemas naturales, pero la falta de voluntad política del Estado para enfrentar las raíces del problema materia de comentario nos está llevando a incumplir con los compromisos contraídos en la Cumbre Mundial del Cambio Climático de París. La OCDE ya manifestó que Colombia ha logrado buenas tasas de crecimiento a costa del medio ambiente.

El país no ha sido capaz de entender que el territorio no es una dicotomía entre lo urbano y lo rural, que somos una nación pluriétnica, multicultural, de regiones muy heterogéneas, al que desde el centro se le tratan de imponer recetas uniformes y simplistas que ignoran la historia y la geografía.

Hay que volver a mirar muchas cosas, a no depender económicamente tanto de la extracción de petróleo y carbón, a hacer Estado y sociedad en todo el territorio y frenar la deforestación que nos está quitando el futuro.

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