Martes 17 de Abril de 2018 - 12:01 AM

Las grietas del Sistema General de Regalías

Las críticas al Sistema General de Regalías son muchas y agudas, no debe seguir funcionando como lo está haciendo, hay que reformarlo a fondo; esa será una tarea urgente para el próximo gobierno.

Cuando los primeros renglones de los ingresos de la Nación comenzaron a derivar de la explotación de minerales e hidrocarburos, con fundamento en los mandatos de la Constitución de 1991 y en las normas que la desarrollan, las regalías se convirtieron en gran protagonista, pues los departamentos y los municipios empezaron a disfrutar de significativos ingresos para invertir en proyectos. Pero, paralelamente, surgieron los problemas, pues con dichos dineros se multiplicó la corrupción y, además, buena parte de ellos fueron derrochados por los administradores locales, haciendo obras suntuarias en municipios sin necesidades básicas satisfechas, muchas de las cuales se convirtieron en grandes “elefantes blancos”; así, pulularon los escándalos.

Ante eso, el Gobierno Nacional impulsó una reforma al régimen de regalías y en 2012, luego de intensos debates, comenzó a regir el Sistema General de Regalías (SGR), que buscaba darle mayor equidad a la distribución de los recursos obtenidos por dicho rubro, pretendiendo que se repartieran mejor y cubrieran más regiones del país, que no se dispersaran y que no se dedicaran a obras insignificantes o bien, a obras suntuarias.

Pero como ocurre con muchos planes y programas que la Administración Central implanta, una cosa es la teoría y otra lo que resulta al ponerlos en práctica.

Durante los últimos años, los alcaldes y gobernadores han criticado el SGR, afirmando que el procedimiento implantado tiene un número excesivo de trámites, papeleo, intervención de burocracia y controles, lo que impide que las cosas puedan marchar debidamente.

Por su lado, la Contraloría General de la República considera que el SGR ha llevado a la fragmentación de los recursos, a la proliferación de obras de bajo impacto y poco alcance, a lentitud en la aprobación y ejecución de los proyectos y, además, que tal sistema no logró frenar la razón de su implantación: la corrupción, los “elefantes blancos”, las obras inconclusas.

A ello se suma que en el SGR no se priorizó el gasto y no se han invertido suficientes fondos en lo principal, la educación, la lucha contra la pobreza, el construir acueductos y el saneamiento básico.

Así, las críticas al SGR son muchas y agudas, no debe seguir funcionando como lo está haciendo, hay que reformarlo a fondo; esa será una tarea urgente para el próximo gobierno.

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