Jueves 26 de Abril de 2018 - 12:01 AM

Crece la deuda con el norte de la ciudad

Desde cuando comenzó a poblarse el norte de la ciudad, con personas en extrema pobreza, Bucaramanga se convirtió en una ciudad dividida en dos: una próspera en la meseta y otra económicamente deprimida en la escarpa.

Ilegalidad, pobreza, delincuencia, riesgo de deslizamiento, son solo algunas de las características del norte de la ciudad, una zona altamente poblada, al punto de que hoy viven allí más de 120 mil personas, es decir, casi una cuarta parte del total de los residentes de la ciudad de Bucaramanga, que han conformado allí 86 barrios, de los que, por ejemplo, el 67% registra el grave problema del microtráfico.

Esto es solo una muestra de una realidad que por décadas ha sido desconocida, pero que en los últimos años parece haberse agravado. Desde cuando, en las décadas de los 60 y 70 comenzó a poblarse esta área de la ciudad, con personas en extrema pobreza que conformaban lo que entonces se llamó cinturones de miseria, Bucaramanga se convirtió en una ciudad dividida en dos: una próspera en la meseta y otra económicamente deprimida en la escarpa.

Muchas de las administraciones municipales de esas épocas, hicieron la vista gorda ante un proceso de pauperización que fue ocurriendo lentamente en las erosionables laderas de la ciudad, que fueron suelo de ranchos donde se refugiaban cientos y luego miles de familias necesitadas.

La falta de una política seria y sostenible que abordara la situación del norte de la ciudad, hizo que llegáramos a la situación que hoy vivimos y que acaba de evidenciar un estudio de la Universidad Santo Tomás, que nos demuestra que los esfuerzos que algunos alcaldes hicieron por enfrentar la multiplicidad de problemas del norte, se perdieron por la falta de continuidad y compromiso de los demás, lo que nos deja frente a un problema de grandes dimensiones.

Hoy se calcula en un cuarto de billón de pesos lo que se requiere para que la ciudad se ponga al día con el norte y aporte lo necesario para abordar problemas como erosión, vías, infraestructura en general, pero también y, sobre todo, un problema social y humano de grandes proporciones, en cuanto a seguridad, educación, salud, empleo, violencia intrafamiliar, discriminación, drogadicción, delincuencia juvenil, entre tantos otros.

Tenemos en el norte una responsabilidad institucional e histórica, que debe afrontarse pronta y decididamente para cerrar una brecha injusta y profunda, y para evitar que sigamos propiciando que esa inequidad termine por causar un mayor deterioro social y económico en toda la ciudad.

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