Viernes 27 de Abril de 2018 - 12:01 AM

Sobre la crisis en el Catatumbo

El poder que han demostrado tener allí el ELN y reductos del antiguo EPL, está más allá de todo debate. En las cabeceras municipales, la Policía, las autoridades municipales y jueces, es decir, quienes allí encarnan al Estado, deben cuidarse en grado sumo

Durante las últimas semanas, como consecuencia de un “paro armado” y la zozobra impuesta por grupos guerrilleros que hacen presencia y tienen influencia en territorio de los 15 municipios que conforman la región del Catatumbo, las autoridades nacionales decidieron tomar medidas para controlar el orden público, por lo menos en las carreteras principales y en los cascos urbanos.

Mas el problema tiene muchas aristas y buena parte de ellas quedará al margen de las medidas de emergencia tomadas por el Gobierno central, por lo que luego de un período de calma “chicha” allí las cosas seguirán siendo azarosas.

Numerosos y diversos conflictos ha habido en el Catatumbo durante largas décadas, muchas circunstancias y situaciones anómalas han vivido sus habitantes, la raquítica y deficiente presencia del Estado ha hecho posible que tal región sea no un lugar de sosiego sino un nido de situaciones explosivas.

El poder que han demostrado tener allí el ELN y reductos del antiguo EPL, está más allá de todo debate. En las cabeceras municipales de esos a primera vista pueblos apacibles, la Policía, las autoridades municipales y jueces, es decir, quienes allí encarnan al Estado, deben cuidarse en grado sumo, “no dar papaya”, pues en tales lares el poder real está en manos de violentos. Esa es la amarga y rechazable verdad.

El Ejército ha enviado miles de hombres para que las cosas vuelvan a sus cauces. Esta fuerza, por su propia naturaleza, no puede permanecer allí por siempre y una vez se retire, volverán a campear los subversivos, los comerciantes de estupefacientes y los negocios con base de coca, regresarán las “vacunas”, la ley del silencio y ante el desempleo, la juventud seguirá nutriendo las filas irregulares pues muchos moradores tienen parientes y amigos que militan en este o aquel grupo subversivo. Y otra vez escalará la violencia.

En el Catatumbo hay que hacer algo distinto a lo que hace el Estado cuando ocurren hechos de esta naturaleza. Con lo que se implementa en Bogotá no cambiarán allí las cosas y las ondas de repercusión de tan anómalo estado de cosas se extienden a la región de Ocaña, Aguachica, San Alberto y, por extensión, a Bucaramanga. Así, la situación del Catatumbo lesiona a los santandereanos y Bogotá no comprende ello en su cabal dimensión.

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