Miércoles 16 de Mayo de 2018 - 12:01 AM

Una ciudad sin historia

Ojalá entendiéramos la importancia de preservar nuestro patrimonio arquitectónico y lográramos proteger lo poco que queda de nuestra historia.

Cada ciudad que se erige en el mundo guarda tras de sí una historia. Una historia que define lo que es su presente y que al conocerse da a los ciudadanos los elementos para entender el porqué de lo que se es hoy. Esta historia está contada no solo en los registros documentales, sino en la arquitectura, en las calles y viviendas que relatan lo que fue la conformación de las urbes y que han llevado a lo que son hoy. La importancia de esta preservación del patrimonio ha sido entendida por la gran mayoría de ciudades en el mundo, que no solo han encontrado en ella la manera de resguardar su historia, sino la oportunidad de ser un atractivo turístico, que les representa un importante ingreso para su economía.

Pero al mirar a una ciudad como Bucaramanga y su área metropolitana, es lamentable ver cómo se ha destruido su patrimonio arquitectónico, de forma tal que hoy son mínimas las edificaciones que se mantienen en pie como testigos de una historia, muchas de las cuales se encuentran en deplorable estado.

El centro de Bucaramanga, por ejemplo, ha visto caer una tras otra sus casas coloniales, convertidas hoy en establecimientos comerciales, parqueaderos públicos, o de las cuales ya solo quedan algunos muros a punto de derrumbarse con las lluvias. Lo mismo ha sucedido con varias construcciones de mediados del siglo XX, que han sido derribadas para dar paso a grandes edificios, muchos de los cuales no guardan ninguna estética con el lugar donde se levantan.

La gran responsabilidad de esto ha sido del crecimiento desordenado y sin planificación de nuestros municipios y de administraciones que han dado prelación al afán constructor sobre la preservación del patrimonio. Pero también de la corrupción que ha permitido cambiar la condición de muchas de estas edificaciones, para poder beneficiar intereses particulares.

Mención aparte merece Girón, que a pesar de ser un municipio declarado patrimonio y de la belleza de sus calles y edificaciones coloniales, está lejos de la pulcritud y preservación que debiera, situación heredada de varias administraciones. ¡Que destino turístico tendría en él Santander si la preservación de este municipio colonial fuera prioridad departamental.

Ojalá entendiéramos la importancia de preservar nuestro patrimonio arquitectónico y lográramos proteger lo poco que queda de nuestra historia.

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