Martes 22 de Mayo de 2018 - 12:01 AM

La ratificación de una dictadura

Este fraude electoral no es más que la consolidación de la abierta dictadura de Nicolás Maduro, dictadura que ha podido fortalecerse por la pasividad de los Gobiernos latinoamericanos.

El pasado domingo, el presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, consolidó la abierta dictadura que mantiene en su país. A pesar de la apariencia de elecciones que quiso darle a la jornada, los comicios llevados a cabo fueron catalogados por gobiernos, opositores y veedores como una farsa. Era evidente.

En un jornada marcada por las irregularidades, al final del día Maduro anunció su “aplastante victoria”, que según el Consejo Nacional Electoral, órgano al servicio del gobierno madurista, se selló con cerca de 5,8 millones de votos, con los que se aseguró un segundo período presidencial. Sus contrincantes, Henri Falcón y Javier Bertucci, obtuvieron 1,8 millones de votos y 950.000, respectivamente. De esta forma Maduro se proclamó dueño del Palacio de Miraflores hasta el año 2024.

Las irregularidades de esta fraudulenta elección estuvieron a la orden el día. La mayor fue la presencia de los “puntos rojos”, mesas del oficialismo donde los votantes debían reportar que ya habían sufragado para poder seguir obteniendo los beneficios del gobierno. Además, el cierre de las urnas se extendió hasta las 6 pm, cuando debían hacerlo a las 4 pm, y a pesar de que el gobierno anunció una masiva participación, las imágenes mostraban los puestos de votación solitarios, e incluso se conoció un video donde Maduro saluda a una plaza completamente vacía. Mientras las cifras oficiales hablan de una participación de casi el 50%, las encuestadoras privadas afirman que esta no superó el 20%.

Este fraude electoral no es más que la consolidación de la abierta dictadura de Nicolás Maduro, dictadura que ha podido fortalecerse por la pasividad de los Gobiernos latinoamericanos, que más allá de expedir comunicados donde desconocen estas elecciones, no toman ninguna medida de trascendencia frente al gobierno del vecino país.

Y mientras esto sucede, los venezolanos afrontan la peor crisis alimentaria de su historia, las familias han sido separadas al buscar cada miembro un destino fuera de su país, la inflación alcanza cifras inverosímiles, los hospitales no tienen medicamentos, los niños afrontan índices de malnutrición correspondientes a naciones africanas y no a un país que llegó a ser uno de los líderes económicos de América Latina, entre otras dolorosas realidades. Pero lo peor de todo esto es que no se vislumbra ninguna salida pronta para Venezuela. Seguiremos al parecer conviviendo con un dictador vecino.

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