Domingo 19 de Agosto de 2018 - 12:01 AM

Los pesos y contrapesos

Una Contraloría en manos del mismo grupo político que promovió y eligió al Presidente no es propiamente una muestra de imparcialidad y de garantía de equidad y de cabal vigilancia de las finanzas públicas.
Colprensa / VANGUARDIA LIBERAL

Apropósito de la elección del nuevo Contralor General de la Nación por el Congreso, bueno es recordar el principio fundamental, consustancial a toda democracia que se respete, sobre el esquema de pesos y contrapesos. Es decir, que el poder no puede estar concentrado en una sola agrupación política y que no solo los instrumentos de oposición deben recibir plenas garantías, sino que el manejo de las herramientas de control no pueden ser de bolsillo del gobernante, pues la aspiración de una vigilancia efectiva quedaría acéfala.

Estamos en la víspera de esa selección tan importante, no solo para la buena gobernanza, sino para la garantía de los derechos dentro del sistema político y para que sea posible brindar una confianza pública en los instrumentos que rigen el aparato gubernamental. Es por ello que se hace necesario un pronunciamiento del presidente Iván Duque sobre su concepción del sistema de fiscalización, para que el Congreso y el país puedan entender con claridad cuál debe la aspiración de un gobernante ecuánime y respetuoso de los principios que deben enmarcar un esquema óptimo y justo del ejercicio del poder. Una Contraloría en manos del mismo grupo político que promovió y eligió al Presidente no es propiamente una muestra de imparcialidad y de garantía de equidad y de cabal vigilancia de las finanzas públicas, sino precisamente resulta ser todo lo contrario, además de que significa un pésimo mensaje y otro lamentable antecedente de sobrepeso del poder en cabeza del gobernante.

Por otro lado, cuando se estableció un nuevo mecanismo de elección, para sacar de allí a las Cortes y para instrumentar un proceso limpio y despojado de la politiquería y de la falta de criterio técnico, fue cuando se procedió a organizar un concurso público en donde a través del examen riguroso de los méritos y antecedentes, así como de una prueba de conocimientos, se pudieran garantizar esos presupuestos lógicos y deseables.

Desconocer esos resultados para favorecer un interés netamente político resulta, ni más ni menos, una burla a lo que se pretendía establecer y a lo que se le prometió al país. Muchas cosas se dicen por estos días en los pasillos del Congreso, y muchas conjeturas se tejen al interior de los partidos, la mayoría de ellas apuntando a escenarios verdaderamente preocupantes y desde luego frustrantes.

Vamos a ver si ese supremo encargo es posible que se ejerza con la altura y responsabilidad requeridas, y atendiendo a los más altos principios de la democracia y del bien común.

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