Miércoles 05 de Septiembre de 2018 - 12:01 AM

La hora de la verdad del Eln

El Eln va a tener que enfrentar una definición concluyente acerca de si se sintoniza con el nuevo gobierno en el camino hacia el diálogo o se empeña en una posición de beligerancia armada que, por lo que anotan las autoridades, tiene cero posibilidades de éxito.
ARCHIVO/VANGUARDIALIBERAL

Terminó el gobierno Santos y el Ejército de Liberación Nacional no logró avances significativos en sus diálogos de paz, precisamente con quien logró llevar a término las negociaciones con las Farc, exguerrilla convertida hoy en partido y con modesta pero clara presencia en el espectro político nacional. El Eln no supo aprovechar la oportunidad que tenía frente a un convencido de la paz, como Juan Manuel Santos, y en lo poco que pudo avanzarse no solamente mostró rasgos de ese fundamentalismo ideológico que los ha caracterizado a lo largo de su historia, sino que dejó ver inconvenientes fraccionamientos en sus filas, que serán un permanente distractor de las conversaciones que puedan seguir y que, de todos modos, serán siempre factor de desconfianza para su contraparte, ante la posibilidad presente de que lo que se vaya acordando no se cumpla plenamente.

Sea como sea la perspectiva de una negociación con el Eln está ahora en manos del gobierno Duque, que si bien ha dado señales de interés por el diálogo, también ha mostrado posiciones mucho menos flexibles que las que componían la estrategia de Santos a la hora de sentarse a la mesa con la guerrilla.

El Eln va a tener que enfrentar una definición concluyente acerca de si se sintoniza con el nuevo gobierno en el camino hacia el diálogo o se empeña en una posición de beligerancia armada que, por lo que anotan las autoridades, tiene cero posibilidades de éxito y sí muchas de causar daño significativo a la economía nacional y a la vida de civiles en las zonas donde se asientan sus frentes.

Si la vía de las armas como opción de poder ya se agotó para este grupo y si quiere mantener su status de beligerancia, antes de convertirse, por efecto del tiempo y la devastadora injerencia del narcotráfico en los grupos armados de toda índole, el Eln deberá abrir ojos y oídos al nuevo gobierno, y hacerlo cuanto antes porque podría ser su última oportunidad de llegar a la solución negociada de su existencia como guerrilla.

Iván Duque y el Eln conforman hoy una de las tantas encrucijadas que tiene el país y a cada uno le corresponde determinar cuál va a ser su papel en esta parte de la historia de Colombia, cuando podría acabarse la última de las guerrillas y podamos dejar atrás los tiempos de la guerra.

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