Domingo 09 de Septiembre de 2018 - 12:01 AM

El grave problema del consumo

Es hora de hablar abiertamente de consumo, de cifras, de lo que está pasando con nuestros jóvenes y en nuestros colegios, públicos y privados, y que se estructure una política pública frente a este tema.

Esta semana la agenda informativa del país estuvo por cuenta de la decisión del gobierno del presidente Iván Duque de presentar un borrador de decreto que autoriza a la Policía para incautar la dosis mínima de consumidores de drogas que se encuentren haciéndolo en lugares públicos. Según la iniciativa gubernamental, la Policía podrá incautar las drogas y quien la porte deberá demostrar que es un adicto, para que se le respete su derecho a la dosis mínima.

La propuesta generó todo tipo de críticas, principalmente de quienes consideran que es inconstitucional, pues está castigando el consumo de la dosis mínima, que hoy está despenalizada en el país, como quienes simplemente consideran inaplicable el decreto, por considerar que es imposible que alguien pueda demostrar que es o no adicto vía testimonios, como lo pretende la norma. Otros aplaudieron la iniciativa como una manera efectiva de frenar el consumo.

Pero más allá de entrar en la discusión de la aplicabilidad o no de la norma o su conveniencia, que no es el objeto de este espacio, esta norma visibiliza una realidad y es el aumento del consumo de drogas, principalmente en jóvenes.

La entrevista hecha en un medio radial esta semana a un padre de familia que narraba su impotencia frente a la drogadicción de su hijo puso sobre la mesa una verdad de la que pocos quieren hablar. La drogadicción en jóvenes es un fenómeno que se acrecienta; el consumo de todo tipo de drogas, inclusive en etapa escolar, es una realidad que está creciendo hoy en Bucaramanga y su área metropolitana.

Las autoridades lucen inermes ante la situación, al punto que los parques de la capital santandereana dejaron de ser lugares de esparcimiento familiar y se convirtieron en el lugar preferido para el consumo. Hoy es casi imposible atravesar nuestros parques sin encontrarse con jóvenes consumiendo.

Pero a pesar de crecimiento en el consumo, el tema sigue siendo tabú y no existen ni estadísticas de consumo ni políticas públicas que involucren a todo tipo de jóvenes y no solo a los de los colegios públicos, ni un diálogo abierto para desenmascarar todo lo que hay detrás.

El microtráfico se ha convertido en uno de los mayores problemas de Bucaramanga y su área y no podemos seguir pretendiendo que aquí no pasa nada.

Es hora de hablar abiertamente de consumo, de cifras, de lo que está pasando con nuestros jóvenes y en nuestros colegios, públicos y privados, y que se estructure una política pública frente a este tema. Y por supuesto que esta realidad evidencia también una grave crisis al interior de las familias. Pero eso es otro tema.

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