Miércoles 12 de Septiembre de 2018 - 12:01 AM

Y sigue la espera por el Tercer Carril

Nos hemos acostumbrado a que lo público se haga sin estándares de excelencia, casi que al final agradecemos que entreguen las obras sin importar su calidad.

Tras una inversión cercana a los $200 mil millones, con recursos de la Gobernación y la Alcaldía de Bucarmanga, y una espera de ya casi cuatro años, los habitantes del área metropolitana que trasitan todos lo días por el llamado Tercer Carril en la autopista entre Bucaramanga y Floridablanca deben lidiar con los desniveles, baches y las numerosas irregularidades que presenta la malla asfáltica y que han estado presentes desde el mismo momento en que esta obra fue entregada. Esta situación genera problemas en la movilidad, ocasiona daños en los vehículos y pone en riesgo a quienes allí transitan.

Para solucionar estos problemas, se había anunciado a principio de año que se invertirían $7 mil millones para efectuar obras las pendientes e iniciar la reparación de la capa asfática.

Pero el tiempo pasa y los santandereanos seguimos sin ver las obras. Según dijo la Secretaría de Infraestructura departamental, las obras no se han podido iniciar, porque están a la espera de que la Alcaldía de Bucaramanga adelante el licenciamiento ambiental en lo referente a los requerimientos de compensación, es decir, que manifieste cuántos árboles van a sembrar y en dónde. Una vez establecido este plan, el Fondo Nacional de Regalías podrá desembolsar los recursos.

Es inconcebible que los santandereanos sigamos a la espera de las reparaciones de este importantísimo corredor vial. La primera gran pregunta que surge es ¿cómo fue posible que el departamento y el municipio recibieran una obra que desde su inicio presentó estos inconvenientes? ¿Qué pasó también con la interventoría?

Nos hemos acostumbrado a que lo público se haga sin estándares de excelencia, casi que al final agradecemos que entreguen las obras sin importar su calidad, pues la constante en la contratación pública ha sido que los recursos se inviertan y los proyectos no se terminen; así que nos hemos acostumbrado a que un triunfo es que terminen las obras sin importar sus falencias. Pero esto no puede ser así. Las obras públicas están construidas con los recursos de los ciudadanos, que están dispuestos para cumplir las obligaciones del Estado, no para enriquecer a pocos, como se volvió regla en Colombia.

De modo que es momento de pedir a la Alcaldía y a la Gobernación que ejecuten las labores necesarias para poder tener las obras en perfecto estado y recibir por fin una vía en las condiciones en las que debió exigirse desde un primer momento.

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