Hablar una vez más de las razones que llevaron al ocaso a los partidos políticos tradicionales, que los tienen en el presente prácticamente como colectividades minoritarias dentro de las preferencias de la opinión pública, sería llover sobre mojado.
Publicado por: REDACCION EDITORIAL
El clientelismo generalizado, las profundas divisiones internas, la falta de severidad para reprimir, castigar, condenar y expulsar a los integrantes que se aprovecharon de ellos para lucrarse personalmente de forma ilegal e indebida, son apenas algunas de las razones para explicar su situación actual. Aunque por el bien de la rigurosidad, tampoco se pueden dejar de reconocer los ingentes esfuerzos que ha hecho el liberalismo en los últimos tiempos para corregir el rumbo, con bastante éxito hasta el momento.
Sin embargo, si bien la enseñanza histórica es fuerte y clara, todo parece indicar que por las toldas del Polo Democrático y el Partido Verde, la lección no se aprendió.
Y no se aprendió, porque esas dos colectividades están siguiendo los pasos errados de azules y rojos con precisión suiza.
Sobre todo el Polo, que no ha logrado sobreaguar la debacle que le ha significado la actual administración de Bogotá y sobre la cual, en lugar de hacer un riguroso examen de conciencia interno, ha optado por lo que se volvió una tradición malsana en este país, salir a defender lo indefendible.
Es por esa razón que no es necesario haber estudiado ciencia política, para deducir que tanto lo sucedido con la administración de Samuel Moreno en Bogotá, como la posición del Polo al respecto, le va a costar a ese partido el considerado segundo cargo de la nación, que había logrado mantener durante los dos últimos periodos. Y eso, claro, sin adentrarse en los terrenos de la decepción, el desengaño y el crepúsculo de la fuerza política que en sus principios prometió resarcir a la izquierda en Colombia.
Pero si en el Polo llueve, por el lado Verde no escampa. Y si bien los escándalos no han sacudido hasta el momento de manera tan profunda a esa nueva colectividad, los personalismos y las divisiones ya amenazan con destruir para las elecciones regionales de este año, lo logrado en los comicios presidenciales en 2010.
Para comprobar lo dicho, basta con observar la pelea de egos e intereses personales para definir quién representará a esa agrupación en los comicios para la alcaldía de Bogotá de octubre próximo, para predecir que el sendero que ha tomado no es el correcto.
En fin, las perspectivas para el Polo y los Verdes no son las mejores, como tampoco lo son para un país que se podría haber beneficiado inmensamente con el surgimiento de dos nuevas colectividades que hubieran podido fijar la barra de la competencia por el poder en términos de ideas y principios y no de los factores ya mencionados que dicho sea de paso, tienen al país donde lo tienen.









