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Domingo 05 de Febrero de 2012 - 12:01 AM

Ahora ve los toros desde la barrera, pero todavía sale por la puerta grande

Tal vez usted desconoce que César Rincón, mucho antes de convertirse en un exitoso torero, vendía chatarra en uno de los barrios más pobres de Bogotá. De pronto ignora que, detrás de esa brillante carrera que desempeñó en la tauromaquia, tuvo que capotear interminables avatares.
Tomada de internet / VANGUARDIA LIBERAL
Ahora ve los toros desde la barrera, pero todavía sale por la puerta grande
(Foto: Tomada de internet / VANGUARDIA LIBERAL)

Porque, contrario a lo que podría pensarse, las peores cornadas que recibió no se la dieron los toros, sino hechos dolorosos como el de la trágica muerte de su señora madre, quemada por culpa de un descuido con las velas que ella misma encendía para que su hijo, nuestro Maestro Rincón, no muriera en sus faenas. Su hermana también falleció en el accidente.

De igual forma, una terrible afección inflamotoria que invade al hígado, la Hepatitis C, lo hizo “ver sangre en la arena”. Hoy, después de vencer esta dura enfermedad y de haberse jugado tantas veces la vida, él recuerda que sus pases de pecho valieron la pena.

Y más allá de haber colgado su traje de luces y de que incluso ahora se le vea ‘informal’ o con saco y corbata, Rincón sigue saliendo en hombros y por la puerta grande.

Sólo que esta vez no lo hace desde las grandes plazas, sino desde los salones de conferencia; en donde todos sacan los pañuelos blancos al escuchar su testimonio de vida y comprobar que, además, es todo un ‘diestro’ para los mensajes de superación personal.

El próximo 22 de febrero, entre las 10:00 a.m. y las 12:00 del mediodía, el Maestro presidirá en el Salón Versalles del Hotel Dann Carlton de Bucaramanga, una de sus grandes disertaciones, la cual titulará: “Riesgo, Originalidad y Disciplina”.

Vanguardia Liberal, en lo que será el inicio del Ciclo de Conferencias 2012, lo invitó para que hable de lo que él denomina como los atributos que todos debemos desarrollar para el manejo de las situaciones adversas.

Antes de ser torero, nadie imaginaba que un hombre como usted, menudo e incluso de apariencia frágil, pudiera pararse delante de los toros. En ese entonces, algunos lo animaron y luego los amantes de la Fiesta Brava vitorearon su nombre. Ahora ‘sale al ruedo’ de una manera distinta y se para frente a centenares de personas para animarlas. ¿De dónde surgieron estas singulares ‘corridas’?

Llevo varios años en esta faceta y, más allá de que usted me señale de “diestro”, le digo que me gusta transmitir mensajes optimistas que a muchas personas les pueden aportar gotas esperanzadoras. La motivación es personal, pero así como a mí me alentaron cuando apenas comenzaba en el toreo, también siento que puedo sembrar en cada corazón las semillas del temple y de la versatilidad.

De acuerdo con sus relatos biográficos, las ‘faenas’ de su vida no fueron fáciles. Una mezcla de alegrías y de tristezas lo han acompañado durante sus 46 años de existencia. ¿Cómo logró superar ese tipo de cornadas?

¿Sabe algo? Siempre me ha gustado abrir el grifo de la ducha para permitir que el agua y las lágrimas, de alegría o de tristeza, se confundan. La vida es así y más allá de ‘capotear’ los momentos duros hay que llenarse de fe, de valor y sobre todo de entusiasmo para sobreponerse. Yo, por ejemplo, siempre me aferré a mi fe. Es más, le puedo decir que no se puede ser torero sin creer en Dios. Él es quien está todo el tiempo con nosotros. Es una base fundamental para ponerse frente a la fiera; porque uno se está jugando la vida y si cimenta su fortaleza en el Altísimo, todo sale bien.

Algunos ven las corridas desde la barrera; sin embargo, cuando nos toca salir al ruedo de la vida todo se ve difícil. ¿Cómo asumir los riesgos desde la arena; es decir, desde las vicisitudes que tocan a nuestra puerta?

Encuentro muchas formas de enfrentar la vida que, a mi parecer, son similares a la Fiesta Brava. Uno en el ruedo debe tener el suficiente temple. Con ese arrojo y de la mano de Dios hallamos el equilibrio que necesitamos. En el toreo, por ejemplo, yo soñaba con una gran faena y luego me tenía que adaptar al toro que enfrentaba. En la lidia, en una sola tarde se puede tocar el cielo o se puede perder todo. Así ocurre con las decisiones que tomamos en la cotidianidad.
Usted no ha vuelto a desafiar su vida parándose frente a los toros, pues ya hace 4 años  que colgó su traje de luces. ¿Qué piensa hoy de aquellos que no aprueban el toreo desde ningún punto de vista?

Yo aún comparto mi vida con los toros de lidia a través de mis dos ganaderías. Respeto las decisiones y las opiniones de la gente que no ama el arte del toreo. A ellos les diría que, gracias a la Fiesta Brava, alguien como yo, de una familia pobre, pudo triunfar. No es necesario que a uno se la aparezca la Virgen para que se haga el milagro; mi triunfo siempre se ha basado en la perseverancia y en el respeto a mi profesión. A mí me gustan los toros por su dualidad: la inteligencia o la fuerza; el triunfo o el fracaso; la puerta grande o las almohadillas; el dolor o el placer...

Entre 1999 y 2002 usted estuvo apartado del mundo del toreo debido a la Hepatitis C. Sin embargo, reapareció como el triunfador que siempre ha sido en enero de 2003. ¿Cómo venció su enfermedad?

Aunque mi estado saludable de hoy se los debo a los médicos, tuve fe y pude asimilir el impacto de esa dura noticia. Luego, logré salir de varias crisis en hospitales donde se temía lo peor; pues ni en los toros sentí tan de cerca la muerte. Creo que todo lo que uno haga, si se hace con fe, es posible. La salud también está en la mente.

Muchas personas desconocen que usted fue el ‘padrino’ de Albeiro Vargas, aquel humilde niño del Norte de Bucaramanga que cambió sus juguetes por un refugio para los ancianos desprotegidos. De hecho, en su nombre se creó una organización solidaria que se conoció como “Un Rincón de Colombia”. Háblenos de esa experiencia…

Yo observé en Albeiro, en ese niño pobre del barrio Transición, un retrato de mi vida. Él tenía un sueño y era ayudar a su abuelito enfermo; yo también quise crecer en medio de los problemas económicos de mi familia. Por eso me dediqué a promover obras sociales, como esa que usted señala. Organicé corridas para recoger fondos para los abuelos y también cree una fundación para aportar mi granito de arena en la solución de tantos problemas sociales que nos aquejan.

Algunos son muy pesimistas y van de fracaso en fracaso maldiciendo por su suerte. ¿Qué les dice a ellos?

La vida nunca es plana, no es una línea recta; hay altibajos. Nos corresponde buscar esos puntos altos y saber asimilar los bajos. También se debe decir que las cornadas que nos dan la vida, muchas veces, se convierten en los precios inevitables de los triunfos. El que cae puede levantarse con el temple suficiente para ello. Yo sólo estudié hasta tercero bachillerato y me tocó dejar las aulas porque debía trabajar para ayudar con el sustento familiar. Qué tal que me hubiera quedado lamentando mi situación.

¿Cuál es su concepto acerca del papel que juega la plata en el concepto de la felicidad, sobre todo siendo hoy un hombre adinerado?
No lo es todo en la vida, pero es una base fundamental. El dinero se requiere, pero no lo compra todo. Con billetes se consiguen lujos, alimentos, libros, casas y camas; pero no siempre se consiguen con ellos la sabiduría, la amistad o el descanso, ni mucho menos el cielo.

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