Gonzalo Gallo, uno de los más destacados columnistas de Vanguardia Liberal y gran motivador espiritual, habla sobre la importancia de aprovechar y de disfrutar nuestro tiempo.

Publicado por: EUCLIDES ARDILA RUEDA
En el banco de la vida a usted le consignan 1.440 minutos cada vez que abre los ojos, justo al amanecer. Trabaje o no, esté contento o aburrido, la naturaleza siempre le da ese bono que, para ser más exactos, es de 86 mil 400 segundos.
¿Qué hace usted cada vez que se levanta de la cama con este ‘cheque’ por cobrar?
Pues, los gasta como se le antoja: se divierte o se amarga con ellos; incluso, si se le da la gana, los puede quemar.
Lo malo de esta singular cuenta corriente es que, utilice o no tales fondos, al final del día todos los segundos allí contenidos se desvanecerán. Algo más grave: así tenga una excelente vida crediticia, usted no sabe si al otro día le consignarán un nuevo cheque, entre otras cosas, porque no siempre tendrá el respaldo financiero suficiente para vivir todo el tiempo que quiera, pues esta vida que hoy posee en sus manos es ‘prestada’.
¿A qué vienen todas estas cuentas bancarias? ¿Por qué hablar de su vida como si se tratara de un extracto?
No se haga el que no entiende. Usted siempre se la pasa haciendo cuentas: ¿cuánto es el salario que va a ganar? ¿Qué tanto le va a quedar con tal negocio? ¿cuántos días faltan para que sea ‘juernes’? ¿cuánto necesita para comprar el carro? en fin...
Gonzalo Gallo, reconocido motivador, le propone hoy que haga otro tipo de cuentas.
Por ejemplo: ¿cuántos minutos de ese bono de 1.440 le dedica usted a cultivar su espíritu?
Algunos rezanderos dirán, “yo siempre me rezo mi rosario diario”; otra persona afirmará, “yo pago cuanto curso para el alma me recomiendan”; alguien, más pragmático aclarará, “yo no necesito de eso”.
Y respetando el credo y la forma de ver la vida de cada quien, Gonzalo Gallo piensa que: “dedicarle tiempo a la espiritualidad no es repetir retahílas como loras borrachas; tampoco es la práctica de determinados ritos”.
“Alguien espiritual ve el mundo con los ojos de Dios, con una mirada compasiva y comprensiva. Tiene una conciencia despierta y se funde con el alma para gozar ese deslumbramiento, para sentirlo y para irradiarlo en todo lo que hace”, afirma.
Según explica, basta con uno de esos 1.440 minutos que la vida le consigna en el banco, para respirar otro aire y ver lo que otros no ven.
“Cuando usted se entra a la dimensión espiritual, se desata de lo material sin caer en la quiebra. No es que se entre a un mundo desconocido; todo lo contrario, vive su vida real, no reniega ni se queja de lo que vive. Aprende a amar y a disfrutar cada segundo que le consignan en su cuenta corriente”, explica.
Para él, usted no disfruta porque consume siete venenos tóxicos que alimentan su mundo: el miedo, la rabia, la tristeza, el odio, la culpa, los celos y la envidia.
“Estas pócimas hacen que muchos tengan una vida en desamor, un espíritu débil, apegos afectivos y materiales o temores y, lo que es peor, hacen que se la pasen dejando asuntos pendientes”.
Hablando de los 1.440 minutos que cada día tiene en la corporación de su vida, Gallo le recuerda que: “debe liberarse de esas ataduras y vivir ligero de equipaje. De lo contrario llegará hasta el fin de su vida cargado de dinero, pero con déficit de amor”.
“Yo le digo a la gente que lo tiene todo y que aún así no sonríe, que no tema ser feliz, que no sabotee sus ilusiones. Se debe hacer una ‘cita’ con uno mismo para explorar cuáles son los sueños y los deseos que duermen en el fondo del corazón”, añade.
“Aquí usted viene a crecer y, por supuesto, avanza de un kínder espiritual a un maestría de felicidad. Es cierto que afrontará estragos, pero también debe aprender a vivir y a gozar sin remordimientos de ninguna clase”.
“Yo le digo a la gente que ame y avance ligero de equipaje. Donde brilla el amor no se necesita nada ni a nadie. Acá está de paso y todo es prestado. Los apegos, sobre todos los materiales y emocionales, son solo frenos”.
“¿Tiene situaciones difíciles? ¡pues! con amor y fe puede transmutar el plomo en oro, lo negativo en positivo. Confíe en Dios y en usted mismo para burlar el desaliento; abandone las culpas; fortalezca cada día su espíritu; medite; relájese; y si va a orar, eleve plegarias con la fe suficiente”.
Para él, “la felicidad es la paz interior que brota cuando se hace todo con amor y por amor. Así que para conquistar la felicidad, empiece a fomentar la confianza en usted mismo y a decirles ‘sí puedo’ a todos los retos que le vaya planteando la vida”.
“El fracaso no es un pretexto para quedarse atornillado. ¿Quién no ha fracasado alguna vez? en las decisiones importantes de la vida los temores deben dejarse a un lado y debe imponerse el valor para correr ciertos riesgos, porque se necesita de determinación para perseguir y alcanzar los grandes sueños”.
Haga rendir cada uno de esos 1.440 minutos que le acaban de consignar en su cuenta. ¿Para qué? Para que la muerte no lo sorprenda en bancarrota y para que cuando ella llegue pueda decir que: “lo baila’o nadie se lo quita”.
Caja biográfica
¿Quién es Gonzalo Gallo?
Es el cuarto de nueve hermanos. Procede de una familia humilde que, a punta de trabajo y dedicación, logró salir adelante. Cuando vivía en el hogar conformado por Gabriel Gallo y Ana González, él aprendió que lo único que le daba sentido a su vida era el servicio. Desde entonces, Gonzalo Gallo colabora con infinidad de obras altruistas: ayuda a los niños, a los viejos y, en general, a quienes tocan a su puerta en busca de una mano amiga. Hace apenas tres días estuvo en Bucaramanga dictando una conferencia pro-obras sociales del hogar de los Ángeles Custodios, el cual lidera Albeiro Vargas en Ciudad Norte.
Trabajó desde los 10 años: vendió telas, cargó mercados, lustró zapatos y hasta laboró en un cementerio colocando flores, entre otros oficios.
Su ‘palmarés’ es tan grande como su espíritu. Es licenciado en Filosofía y Letras de la Universidad de San Buenaventura. Además, realizó estudios de Teología y Biblia, en Haifa (Israel), y en Roma (Italia).
Es políglota. Además del español, aprendió los idiomas de los austriacos, de los ingleses y de los franceses.
Nació en Medellín hace 63 años. Ha escrito trece libros. El más reciente se titula: “La muerte, un paso a la vida”. Se trata de una gran producción literaria que ofrece ayudas para elaborar bien un duelo, salir adelante y encontrar nuevas razones para vivir. Se trata de una gran guía, pues brinda herramientas para vencer el temor a la muerte y ver ese paso con nuevos ojos, con paz, con confianza y con aceptación.
De manera precisa, se ha convertido durante los últimos años en un gran ‘parcero’ de las personas que padecen enfermedades terminales. Él les enseña a quienes tienen que partir la importancia de asumir este paso con dignidad. También les ayuda a los dolientes a entender la partida de un ser amado y a acoger la muerte sin pesadillas y con una actitud serena.











