La CDMB advirtió que las millonarias inversiones y los trabajos de estabilización de la escarpa occidental de la meseta están en vilo ante la posibilidad de convertir tal área en urbana.

Publicado por: EUCLIDES ARDILA RUEDA
“Los predios que bordean a la escarpa occidental de la meseta de Bucaramanga, los cuales incluyen laderas y áreas verdes que protegen la firmeza de 48 barrios de la ciudad, no solo tienen que ser conservados sino que además no pueden ser destinados para usos urbanos ni mucho menos para construcciones de viviendas”.
La advertencia la hizo Ludwing Arley Anaya Méndez, director de la CDMB, al tiempo que señaló que “la sola idea de cambiarles a esos terrenos sus usos para una eventual construcción de edificaciones sobre ellos, podría ser catastrófico para la estabilidad de la meseta”.
Señaló que si se hace tal modificación se “pondrían en jaque” las millonarias obras que durante las últimas décadas ha construido la CDMB sobre esa escarpa, entre otras cosas, para garantizar la firmeza de las Comunas 4, 5, 7 y 8.
Tales planteamientos surgieron tras las evidentes diferencias que existen entre la CDMB y Planeación Municipal en cuanto a la destinación que deben tener los suelos que corresponden a la escarpa occidental.
Mientras la CDMB recalca que ese sector debe ser de carácter rural, la citada dependencia local insiste en que hace muchos años la escarpa occidental figura en el perímetro urbano.
Según Anaya Méndez, es necesario cuidar esos terrenos a como dé lugar: “las intervenciones que se les hagan no pueden ser diferentes a las de la restauración y la preservación”.
“La Ley estableció que las áreas protegidas tienen obligatoriamente una destinación rural”, agregó.
“Por esa razón se excluyeron todos los usos urbanos de los sectores de Distritos de Manejo Integrado, DMI, uno de los cuales es la escarpa occidental”, explicó.
Lo propio conceptuó Carlos Suárez, subdirector de gestión ambiental de la citada entidad estatal, quien recordó que la escarpa occidental ha sido manejada, cuidada y conservada durante más de 40 años por la CDMB.
Añadió que la zona occidental de la meseta ha sido objeto de obras de estabilización de alta ingeniería que, por fortuna, han permitido el control de la erosión.
Se atrevió a decir que “el futuro de la estabilidad de Bucaramanga quedará en vilo si el Municipio les cambia los usos a estos suelos. Si no se toman las medidas preventivas para preservar estas obras, el panorama de
la escarpa y por ende el de cientos de familias residentes en las laderas empeorará con cada lluvia que caiga”.
El experto advirtió que si no se conserva la zona, los residentes en los 48 barrios situados al filo de esa ladera de la meseta “correrían el riesgo de perder sus viviendas, sus enseres y, por qué no decirlo, sus vidas”.
Un vistazo al ayer
Mirada desde al aire, la escarpa occidental se divisa como una ‘mano extendida’, cuyas falanges son las diferentes cañadas por donde en el pasado corrían libremente las aguas del alcantarillado y las aguas subterráneas, arrastrando consigo día a día millones de centímetros cúbicos de tierra.
A mediados de los años 50, comenzó el desmoronamiento de esta escarpa.
La cuestión empeoró a raíz del crecimiento de la población, que se cuadruplicó entre 1918 y 1951, y continuó creciendo hasta alcanzar los 333 mil habitantes en 1973 y los 411 mil en 1985. En la actualidad, según el más reciente censo, es de 526 mil 827 pobladores.
Ante la realidad de que la erosión no tendría cura definitiva, se debía aprender a convivir con el problema. Fue así como el 2 de octubre de 1965 nació la CDMB con el objetivo ejecutar su plan de acción, encaminado a controlar dicho fenómeno.
Para ello se contrató a la firma Hidroestudios Limitada, la cual diagnosticó que la zona occidente de la meseta se estaba desmoronando, debido a la combinación de ciertas características geológicas.
Y tal vez el aspecto más importante que aumentaba la erosión, era la proliferación de urbanizaciones ‘piratas’ de la meseta, las cuales adoptaban de manera irresponsable sistemas de alcantarillado ineficientes, propiciando el incremento y la concentración de las aguas negras y lluvias en los taludes occidentales.
Por todo eso fue que la CDMB debió asumir, desde 1974, el control del alcantarillado. Sin embargo, por un fallo del Consejo de Estado, la entidad le entregó la administración del servicio a la empresa Empas. Ahora, el Municipio pretende volver los suelos de esa zona como urbanos; lo que podría generar nuevas construcciones.
Debatible
Las diferencias por los usos del suelo de la escarpa occidental entre la Alcaldía y la CDMB, a decir verdad, van más allá del tema ambiental. Todo recae de manera directa sobre la captación de recursos que por concepto del impuesto predial tendría la Administración Local.
Para Mauricio Mejía Abello, secretario de Planeación, “lo que hoy recauda el Municipio con los predios de la escarpa occidental es algo cercano a los $3 mil millones por dicha contribución. Sin embargo, si estos terrenos los dejamos como rurales quedaríamos recaudando solo $300 millones. Eso implicaría perder unos ingresos importantes que hacen parte del apalancamiento financiero de la ciudad”.
Para el director de la CDMB, Ludwing Arley Anaya Méndez, “el argumento financiero, tal y cual como lo expone la Alcaldía, no puede ser más importante que la preservación de la escarpa. La firmeza de la meseta de Bucaramanga no es negociable”.

















