Cerca de 120 marcas de cigarrillos de contrabando se venden en el país, según BAT-Protabaco.

Publicado por: XIOMARA MONTAÑEZ MONSALVE
Cerca de 120 marcas de cigarrillos de contrabando se venden en el país, según BAT-Protabaco. Provenientes en su mayoría de Paraguay, ingresan a Colombia por La Guajira y luego son distribuidos en diferentes ciudades, entre ellas Bucaramanga. Según esta multinacional, en la capital santandereana existen cuatro comerciantes encargados de traer este producto desde Maicao, quienes lo distribuyen a mayoristas, en tiendas, locales comerciales del centro de la ciudad, plazas de mercado y ‘chazas’.
A las 5:30 de la mañana, el sol ardiente de la Guajira ya se posa sobre la carrilera del tren de cien vagones que transporta carbón hasta el puerto de El Cerrejón.
Por la vía, justo en los límites entre Manaure y Ureña, circula un camión destartalado cargado con tantas cajas de electrodomésticos, -o al menos eso es lo que puede verse a simple vista-, que su altura alcanza los tres metros.
Hombres de piel morena y niños descamisados reciben la brisa fresca del paisaje, sentados sobre la carga, proveniente de Puerto Nuevo, ubicado en Bahía Portete, en la Alta Guajira.
Sonríen mientras ven a un grupo de rolos, santandereanos, paisas y costeños, que se le han medido a la tarea de recorrer durante tres horas y media el desierto, desde Riohacha hasta El Cerrejón, para conocer la Zona de Régimen Especial Aduanero en ese puerto, por la que entran casi a diario más de 120 marcas de cigarrillos provenientes de Panamá y las Antillas, en grandes cantidades, que luego se distribuyen y se venden de manera ilegal en todo el país.
Después de varios kilómetros de recorrido y de ver el cruce desprevenido de águilas, chivos e iguanas a toda velocidad por la desértica carretera, un grupo de uniformados de la Armada Nacional recibe al grupo de curiosos.
En lanchas rápidas, tras irrumpir en el mar color esmeralda que bordea la cabecera de Colombia, los visitantes llegaron a un mundo desconocido: el universo de los cargueros, ‘coteros’, piratas y navegantes, que llegan en grandes buques, trayendo electrodomésticos, licores y especialmente cigarrillos.
A las 8:30 de la mañana, la llegada de los indiscretos tomó a los locales por sorpresa. A esa hora, después de trabajar toda la noche y la madrugada, apenas cerraban sus ojos y trataban de conciliar el sueño.
“Señor, ¿qué tiene en esas cajas? ¿Son cigarrillos o licor?”, indagaba una de las visitantes con una grabadora en la mano.
Guillermo Sambrano, de 66 años, proveniente de Maicao, responde: “Son electrodomésticos. El cigarrillo y el trago no han llegado. Si quiere comprar debe ir hasta Maicao. Mi patrón, Fernando, le pude vender la marca que quiera, porque de eso sí que hay muchos”, asegura este hombre, quien aclara que no es ‘cotero’, sino cargador. “‘Coteros’ son los indios, los que montan la carga a los camiones que salen para los municipios”, asegura.
La imagen de hombres dormidos en hamacas debajo de viejos camiones, de pescadores arribando a la orilla con el famoso ‘coroncoro de mar’ (con mejor apariencia que el de río), de mujeres wayuús que venden pescado, quekis (tortas de maíz) y chivo cocido demuestran que por estas tierras no hay muchas opciones para sobrevivir.
“Aunque suene a excusa”, dice un funcionario de la Dian que labora en el puerto, “por esto es que la gente toma la decisión de contrabandear”.
Marcas y precios bajos
Cigarrillos contaminados con arsénico, heces de roedores, veneno para ratas y hasta materia fecal de humanos; cigarrillos que no tienen los filtros ideales y que al inhalar liberan 80% por ciento más de nicotina y 120% más de monóxido de carbono; cajetillas ‘chiviadas’ de marcas legales, que son producidas en cuevas y barcos de la China sin ningún tipo de control de sanidad.
Esto es lo que consumen miles de fumadores nacionales y locales que compran cigarrillos de contrabando, a muy bajos precios, ofertados en tiendas de barrio, plazas de mercado, locales comerciales del centro de Bucaramanga y las famosos ‘chazas’ de parques y esquinas.
Según la British American Tobacco, más conocida como BAT- Protabaco, el fenómeno de venta de cigarrillos de contrabando viene en aumento desde 2008. Sin embargo, preocupa a este distribuidor de marcas legales como Mustang Premier, Kool y Belmont, el crecimiento acelerado de este delito, pues anualmente se duplica.
Cerca de 120 marcas, que en su mayoría son fabricadas en Paraguay, se encuentran distribuidas en todo el panorama nacional. Bucaramanga no es ajena a este fenómeno, que ha encontrado seguidores especialmente en los estratos uno y dos, y en la comunidad rural (Ver gráfico de ruta del contrabando de cigarrillos). Los bajos precios, según BAT-Protabaco, es la razón para que los consumidores adquieran este producto.
Mientras a una multinacional le cuesta 800 pesos producir una cajetilla de 20 cigarrillos, una de contrabando, con la misma cantidad de unidades, es vendida a los mayoristas en 380 pesos, sin pagar impuestos.
El negocio está, según los expertos, en ofrecer “al menudeo”. “Un tendero, por ejemplo, sabe que no puede exhibir estos cigarrillos, porque han entrado de forma ilegal a Colombia, así que los esconde y los ofrece por unidad. Algunos los venden a 100 ó 200 pesos, y las cajetillas a 1.000 ó 1.200 pesos. Las ganancias, casi siempre, superan el 500%”, asegura un miembro del área de protección a marcas de BAT-Protabaco.
De vuelta a Puerto Nuevo
En medio del calor de esa mañana, un funcionario de la Dian, que observa a decenas de hombres descargando un gran buque llamado Don Pedro, explica a los incautos que toda la mercancía es controlada al llegar al puerto y que actualmente su institución cuenta con un registro sistematizado de todo lo que entra.
“No realizamos operaciones de descargue si no están los funcionarios correspondientes de la Dian y de las Agencias Aduaneras. Toda la mercancía que hace tránsito por Puerto Nuevo ya viene legalizada y debe pagar un 4% en impuestos”, explica el funcionario de la Dian.
“Coordinamos el control de la mercancía y la pasamos al municipio de Maicao. No sabría responder si va al centro del país. Todo queda registrado y todo paga sus impuestos, es lo único que sé”, afirma el hombre uniformado.
Pero, ¿por qué los contrabandistas los esperan en Puerto Nuevo? En la Alta Guajira, desde comienzos de este siglo, el Gobierno Nacional creó la Zona de Régimen Aduanero Especial (ZRAE), amparada por la Ley 677 de 2001, que permite el ingreso de productos provenientes de Panamá y las Antillas, bajo la figura legal de importación para la reexportación.
En esta zona franca, que cobija sólo a los municipios de Maicao, Uribia y Manaure, se pueden descargar toda clase de productos, entre esos el cigarrillo, provenientes del exterior, que deberían ser reenviados a otro país y no consumidos en el territorio colombiano. Pero según Jerónimo Castillo, gerente Anticontrabando de BAT-Protabaco, la realidad es otra.
“La debilidad en los controles del ZRAE es que una parte importante de los productos que ingresan a la zona, como el cigarrillo, son introducidos en el mercado local (La Guajira), sin que se cumpla el pago de impuestos, y termina en los mercados de Bogotá, Medellín, Barranquilla, Santa Marta y Bucaramanga”, afirma este experto.
Castillo añade que los departamentos de todo el país dejaron de recibir el año pasado 72 mil millones de pesos en impuestos como resultado del impacto del contrabando. Ese impuesto al consumo representa el 8% de los ingresos tributarios de los departamentos.
Indagando en los grupos de cargadores de Puerto Nuevo sobre la procedencia del cigarrillo, muchos aseguran desconocer su puerto de partida. Sin embargo, es en Paraguay donde comienza toda esta historia.
Según el Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación de los Estados Unidos, el país guaraní produce 100 billones de cigarrillos al año, de manera legal. No obstante, cuando este producto traspasa las fronteras, se convierte en un producto de contrabando, que durante décadas ha azotado el mercado de Brasil y de Argentina, y ahora lo hace con Colombia y México.
De esta producción se conoce que más de 68,5 billones de cigarrillos producidos en ese país se distribuyen en todo el contiene.
Proveniente del sur, tras recorrer el río de la Plata, transitar las aguas del Atlántico, arribar a Panamá, Aruba, Curacao y Bonaire, los cigarrillos llegan a Puerto Nuevo en La Guajira, donde son esperados por cientos de contrabandistas para su distribución.
Desde Maicao hasta Bucaramanga
A pesar de que el funcionario de la Dian insistió en que desconocía el tráfico de cigarrillos desde Puerto Nuevo y afirmó que los cargamentos salían desde Maicao hacia Venezuela y otros países del mundo, lo que él no sabía era que el día anterior los extraños habían visitado ese municipio y habían comprado distintas marcas de cigarrillos provenientes de Paraguay, China, Emiratos Árabes y la India.
“Yo no llevo las cajas hasta Bucaramanga, eso lo hace un transportador. No olvide que debe ‘mojarle’ a varios personajes por el camino”, asegura un distribuidor de Maicao a uno de los curiosos que pregunta por el tráfico hasta Santander.
Desde este territorio, que hoy es disputado por comerciantes, Bacrim (Urabeños y Rastrojos) y algunos frentes guerrilleros, llega lo que se consume en algunas tiendas de Piedecuesta, locales comerciales ubicados alrededor de la Plaza de Mercado Central, la carrera 15 entre calle 56 y 37, negocios del sector de San Francisco y las ‘chazas’ en parques, semáforos y calles.
“Entre las 7:30 y las 8:30 de la mañana, los días sábados, arriba la mercancía a la ciudad procedente de la distribución que se hace desde La Guajira, algunas ciudades del Cesar y de Norte de Santander”, asegura una fuente que pidió la reserva de su nombre.
“En Bucaramanga cuatro comerciantes legales son los encargados de distribuir el cigarrillo de contrabando. Son bastante apetecidos por los comerciantes y mayoristas, pues adquieren un cartón de 10 cajetillas, cada una de 20 cigarrillos, en 5.000 pesos, y las comercializan en sus negocios entre los 1.000 y 1.500 pesos por cajetilla”, añade esta fuente.
Este investigador asegura que la Dian Santander, Rentas Departamentales, Aduanas y la Policía Nacional trabajan en distintas estrategias para controlar este fenómeno. Sin embargo, “los comerciantes son muy unidos y cuando se hacen allanamientos camuflan los cigarrillos en locales dedicados a la venta de ropa, alimentos o electrodomésticos”, explica este conocedor del tema.
En una mañana, en los alrededores de la Plaza de Mercado Central, un vendedor espera a los fumadores.
-Señor, ¿tiene ‘Patroncito’?
-Sí señorita, ¿cuántos?
-Deme dos. ¿Cuánto cuestan?
-Eso es barato, cada uno a 100 pesos.
-¿Esto de dónde proviene?
-Eso es nacional, no se preocupe. Mire que tiene el sombrerito voltia’o.
‘Patroncito’ es el nombre de una marca de cigarrillos muy apetecida en la ciudad. A pesar de tener en su cajetilla el dibujo de un sombrero típico colombiano, este cigarrillo proviene de la India.
Como este, las marcas Kentuky, Goldcity, Goldseal, Fact rojo o azul, Xin Xing, Marshal y Brodway, entre otras, son ofertadas en Bucaramanga. Ninguna domina el mercado, aparecen según lleguen de Maicao.
A pesar de que los controles de la Dian y los operativos de las autoridades durante los cuatro primeros meses de este año en el país han permitido la incautación de 3 millones 247 mil cajetillas de cigarrillos, alcanzando el resultado registrado en 2011 (4 millones 400 mil cajetillas decomisadas), la discusión persiste entre las multinacionales y el Gobierno Nacional.
“Los controles en la ZREA deben ser abiertos y discutidos públicamente. El mal diseño de la política tributaria es lo que ha generado esto. No se puede subir el impuesto al tabaco sin contrarrestar el contrabando, pues como estamos viendo, este se dispara”, concluye Jerónimo Castillo de BAT-Protabaco.













