¿Qué tienen en común un viñedo, un avión, un barco, la pintura y el turismo? Son los sueños que ha hecho realidad este hombre al que mal llaman algunos “un loco perdido en la Mesa de Los Santos”. Puede tardar años en encontrar las herramientas necesarias para alcanzar lo que anhela, pero siempre logra llegar a la meta y se roba todos los aplausos.

Publicado por: XIOMARA MONTAÑEZ MONSALVE
Se cansó de construir lagos en la Mesa de Los Santos, en terrenos ajenos, y hace más de dos décadas decidió comprar un lugar para erigir el paraíso anhelado.
Llegó a un terreno hostil, en la vereda El Tabacal, y divisó su “tierrita”. Se ubicaba a menos altura que el resto de terrenos de la zona. No tenía un paisaje, muchos menos agua, pero Rafael Aldana Forero –como siempre lo ha hecho frente a un lienzo virgen– comenzó a ‘manchar la tela’.
Lo primero que se le ocurrió fue cavar y hacer el lago. Después construyó una pequeña cabaña. Luego plantó más de 200 especies naturales nativas como los guayacanes amarillos, rosados, morados y blancos; cedros, sauces y pinos, y creó un paraíso para aves como el águila pescadora.
A la par practicaba deportes extremos, planeaba viajes, tomaba vino y devoraba toda clase de apuntes sobre aeronáutica y navegación.
Hablaba con muy pocas personas de estos temas. A pesar de ser franco, conversador y alegre, Rafael Aldana Forero se declara introvertido y muy pocas veces logra hacer conexión con otros, para trasmitirles sus pensamientos y sobretodo, sus sueños.
Nadie sabe si este boyacense con alma de santandereano –según dice– tiene una libreta mágica en la que apunta cada una de las metas que quiere alcanzar. Algunos dicen que se unge algún menjurje y otros, que ingiere brebajes exóticos para atraer las buenas energías y todo lo que anhela. Nada está comprobado hasta ahora.
Lo cierto es que este ingeniero en vías y transporte, mal apodado “el loquito”, hoy día le ha demostrado al mundo que siguiendo la filosofía del “sí se puede”, alejándose de los “perdedores” y poniendo en práctica el viejo adagio popular “a palabras necias oídos sordos”, sí se puede ser feliz.
“El verdadero obstáculo es escuchar frases que otros nos quieren imponer. Lo más importante es no prestarle atención a eso. Hay que tener el criterio suficiente para imponer lo de uno y elegir lo que se quiere alcanzar. Por mi parte lo he logrado”, comenta.
¡Salud!
En la Mesa de Los Santos existe un terreno de hectárea y media en el que se esconde un pequeño viñedo.
Cuentan las historias de los aldeanos que por aquí se paseaba una silenciosa bruja, que se oponía a que los frutos carnosos y morados crecieran libremente. Así que comenzó a intimidar al viticultor que las custodiaba.
En las noches, esperaba a que este se durmiera tras su toldillo espanta zancudos y luego iba y se le acostaba al lado para no dejarlo soñar. Lo hizo durante muchas noches, pero nunca cumplió su cometido, pues el hombre despertaba y cada día veía más frutos en sus jardines.
El día que la horrible mujer sintió que perdía la batalla contra este soñador, no tuvo más remedio que lanzarse encima de él una madrugada, buscando ahogar sus anhelos, con tan mala suerte que este despertó y le soltó una sarta de maleficios.
“La ‘madrié’, le dije hasta mico… Dicen que a las brujas hay que espantarlas a punta de insultos, así que eso hice”, recuerda Rafael Aldana.
Buscando acercarse a uno de sus hobbies favoritos, la viticultura, este hombre se le ocurrió la idea loca de implementar un sistema de cultivo de uva en su finca, para luego ofertarla en el mercado. Si no le resultaba tan difícil, algún día produciría vino.
Así que se puso en contacto con cultivadores del fruto de la vid en el Valle del Cauca, quienes le enviaron 3.600 semillas de uva Isabela. La intención de Rafael era cambiar el triste panorama del agricultor de la zona, cuyas cosechas no eran bien pagadas por los revendedores en los mercados campesinos. Como él afirma, se metió en esto “a la loca” y salió perjudicado, pues la uva producida en su terreno se vendía bien.
Consciente de que el cultivo de la uva no es para ocho días o tres meses, sino para toda la vida y que puede durar hasta 200 años, Rafael le apostó a la producción de vino. Este cultivo agroindustrial le permite a este ‘boyaco’ obtener el fruto, que luego es procesado en zumo, jugo, compota, mermelada y por supuesto, en vino.
Tras realizar pruebas, notar que las barricas que había comprado para ‘criar’ el vino estaban rotas y que por sus ranuras se vertía la bebida de los dioses, Rafael Aldana tuvo que cambiar el proceso de añejamiento. Así que partió el recipiente de madera por la mitad, almacenó el vino en botellas y lo dejó guardado durante un año. El resultado: un vino dulce y semidulce.
Así nació el vino Don Aldana, que hoy cumple tres años de haber sido lanzado al mercado. Sólo se oferta en esta finca de la Mesa de Los Santos, que también funciona como una posada turística.
‘Vuela, vuela’
Piezas de un carro Toyota, el motor 1.600 de un Wolsvagen, el tanque de gasolina de un Renault 4 y las hélices fabricadas en el taller de Villa Aldana. Todo guardado dentro de una estructura de aluminio 6061, bastante liviana, que según Rafael Aldana es utilizada en la fabricación de los Airbus A380.
Así fue diseñado el segundo y más grande sueño de este hombre, construir su propio avión. “Ya tiene pruebas en tierra y esta semana que viene lo vamos a volar. ¡No me volví loco!, como piensa uno de mis amigos. Quise construir un avión y pude demostrar que fue posible”, añade.
Rafael Aldana estudió día y noche aeronáutica y aerodinámica antes de empezar con este proyecto. No siguió un diseño preestablecido. La pequeña aeronave, de colores blanco y azul, que según su dueño será utilizada como estrategia turística para ofertar los paisajes de la Mesa de Los Santos, ha sido vista por 11 pilotos. Cinco de ellos, propietarios de aviones de este mismo estilo, le han dado su visto bueno y conceptos favorables al diseño.
Como afirma su propietario, es una especie de planeador, con una tasa de caída muy baja. “Ya existe una propuesta para continuar haciendo aviones, esto me enorgullece. Durante toda mi vida me he dedicado a romper esquemas. A nosotros nos echaron un cuento y lo creímos, que solo los extranjeros podían hacer cosas, pero conmigo se equivocaron. Si otro ser humano lo hace, yo también puedo hacerlo. Para mí el ‘no se puede’ es un insulto”, dice.
Según los cálculos de Rafael Aldana, la pequeña aeronave cuesta la mitad de lo que vale un avión ultraliviano construido en Jamundí, Valle del Cauca. “Estos aviones tienen un costo de 60 mil dólares y ni hablar de los aviones ‘gringos’, que alcanzan los 90 mil dólares. Espero hacer varios aviones a precio de lo que vale un carro en Colombia. Ya he conocido a varios pilotos frustrados a quienes les suena la idea”, explica este egresado de la Universidad Pedagógica y Tecnológica de Colombia.
La navegación y el turismo
“Los hobbies no tienen ni plazo ni presupuesto, si lo miramos desde ese punto de vista perderían su encanto”. Así define Rafael Aldana Forero otro de sus grandes tesoros, el barco Don Emilio, pensado como su viñedo y su avión.
Durante siete años se dedicó a cortar maderas, a auscultar en los secretos de los carpinteros, a leer sobre diseño náutico y a indagar sobre el manejo de la fibra de vidrio.
El resultado fue una pequeña embarcación, que se moviliza con la ayuda de una vela y que permanece atracada justo al lado de un romántico muelle, uno de los principales atractivos turísticos del lugar.
Pero Villa Aldana no es sólo vinos, aviones y barcos. Es una gran casona, de ventanas amplias y de madera, con paredes vestidas de paisajes pintados por su propietario. No tiene televisor, no cuenta con conexión a internet y uno de los requisitos para entrar –aunque no es una obligación– es desconectarse del mundo exterior y apagar el celular.
“La idea de este hotel nació luego de varios viajes por Perú, Chile, Argentina y Uruguay, siguiendo el rastro de los grandes viñedos. Aquí la música la aporta la naturaleza, el canto de las aves, de los grillos, las luciérnagas y los sapos. La finalidad de mi casa y hotel es que las familias y las parejas lleguen, retomen su diálogo, y que los jóvenes reflexionen sobre lo que están haciendo con sus vidas. Como yo les digo: “Esta vaina es de ustedes. Nosotros ya hicimos, continúenla”, remata este soñador.













