Lunes 15 de Septiembre de 2014
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Domingo 29 de Julio de 2012 - 03:23 PM

‘El Puentero’ que sobrevivió a una avalancha en San Vicente de Chucurí

Suministrada/VANGUARDIA LIBERAL
‘El Puentero’ que sobrevivió a una avalancha en San Vicente de Chucurí
(Foto: Suministrada/VANGUARDIA LIBERAL)
Carlos Andrés Barrera, conocido en los lugares más recónditos de Colombia como ‘El Puentero’, llegó a Santander a construir una de sus particulares estructuras y una avalancha por poco le quita la vida a él y a la comunidad de la vereda San Cayetano. Esta es la historia contada por este sobreviviente.

Un grupo de 60 campesinos de la vereda San Cayetano, ubicada a dos horas del casco urbano de San Vicente de Chucurí, se limpiaba las últimas gotas de sudor de la frente, tras cumplir la misión que emprendió una semana atrás junto a Carlos Andrés Barrera, más conocido en Colombia como ‘El Puentero’.

Ese jueves 19 de julio no faltaron las fotografías de los niños sentados sobre las áreas del pasadero ya terminadas, el asado acompañado de yuca y papa para los obreros, la visita de los curiosos y las bendiciones de una que otra ancianita antes de finalizar los últimos seis tramos de la estructura. Luego, dejarían las herramientas a un lado, correrían sobre las tablas y aplaudirían su obra maestra.

Todos recuerdan que esa tarde el calor era insoportable, que el sol no sólo los iluminaba, sino que prácticamente quería derretirlos bajo sus rayos, pero habían prometido irse sólo hasta ver finalizada la solución a todos sus problemas de movilidad. 

Cuando de pronto se escuchó una explosión. El cielo azul claro se tornó gris, como en una película de terror, y las gotas de lluvia mojaron el tableado.

Carlos Andrés recuerda que minutos antes, por las altas temperaturas, bajó hasta la pequeña quebrada La Cayetana, tomó agua y se lavó el rostro para refrescarse. “Era un hilito de agua cristalina”, asegura. Pero el traslúcido afluente se tornó color ladrillo y venía con toda su furia arrastrando lo que encontraba a su paso. Los campesinos, tal vez confiados o con la esperanza de que la naturaleza se calmaría, le dijeron a Carlos Andrés que no era para alarmarse, que siguieran trabajando. Al ‘El Puentero’ nada de esto le parecía normal. Nunca había tenido que enfrentar una situación similar mientras levantaba sus estructuras.

No tuvieron más opción que correr y ver, desde lo alto de la montaña, como la quebrada traicionera les destruía sus sueños e ilusiones. “El aguacero partía grandes árboles y los acostaba sobre el agua. Las explosiones se escuchaban cada vez más fuertes a medida que se acercaba la avalancha, que levantaba toneladas de piedra. Tuvimos que sacar a los niños, dejar herramientas y todo se lo llevó La Cayetana, que desemboca en el río Chucurí”, narra ‘El Puentero’.

Las hazañas de un soñador

Ante este desafortunado incidente, Carlos Andrés Barrera podría concluir que la suerte le dio la espalda. Como el día que se lanzó de un paracaídas y éste nunca se abrió, como aquellos días de hospitalización en los que le diagnosticaron cuadraplegia y en los que padeció dos paros cardiorespiratorios.

‘El Puentero’ se sintió muy mal, como el día que los médicos le aseguraron que no volvería a caminar, mucho menos a volver a ejercer su labor como socorrista de la Cruz Roja ni a practicar deportes extremos.

Cargado de mucho dolor y viendo los rostros desconsolados de los campesinos de San Cayetano, bañados por el aguacero, ‘El Puentero’ sacó fuerzas para retar de nuevo su destino.

Así que recordó el momento en el que le prestó ayuda a la comunidad del Cañón del río Páez -1994-, después de un temblor y una avalancha que borró cientos de casas campesinas, trajo al presente el día en el que su esposa –para hacerlo reaccionar después de ser diagnosticado como cuadraplégico– le puso una foto de la familia entre sus manos y le dijo que debía salir adelante, y especialmente, se acordó del momento en que conoció a su amigo suizo, Toni Ruttimann, quien le enseñó a construir los puentes.

Frente a las pesadas vigas de aproximadamente 700 kilos cada una, los pocos metros de cables de acero de 10 pulgadas que quedaron enredados entre las piedras y unas cuantas tablas partidas, no quedó más remedio que pedir ayuda a los organismos de socorro y olvidar el mal momento.

Horas después, ante la necesidad de transportar las cargas de fruta, café y cacao, los campesinos volvieron a ensillar las bestias y se abrieron camino en medio de las grandes rocas que dejó la avalancha.

La felicidad de tener un puente estable murió esa tarde. Sin embargo, el sueño de verlo de nuevo elevado no se ha esfumado, pues ‘El Puentero’ ya prepara las herramientas para regresar y tender sus pasaderos de esperanza.

Obstáculos que nunca faltan

Como ha ocurrido en muchas zonas de Santander, la avalancha no sólo se llevó el puente, las ilusiones y los sueños de la comunidad, sino que cambió el curso de la quebrada y dejó el terreno donde se levantó el pasadero convertido en una isla.

“Sólo podemos arreglar esto con maquinaria pesada. Ya gestionamos con Bogotá el envío de una retroexcavadora oruga para poder encauzar la quebrada y habilitar el puente. No funciona hasta que no hagamos el arreglo de los taludes y el piso”, explica ‘El Puentero’.

Este no es el único obstáculo. Toda la red eléctrica y los postes de la luz se cayeron. El acueducto rural, la bocatoma y mangueras se arrancaron. Además, 18 kilómetros de la vía de acceso a la vereda San Cayetano también quedaron completamente destruidos. “Así es imposible llevar materiales para construir el puente”, explica Carlos Andrés Barrera.

Este hombre, que desde hace 14 años está dedicado a levantar este tipo de puentes en zonas veredales y que desde hace dos años trabaja con la Unidad Nacional de Gestión del Riesgo, en el programa de Puentes Peatonales de Emergencia, de la Oficina de Emergencias de la Presidencia de la República, asegura que lo más importante en este proceso –la colaboración de la comunidad– ya está asegurado.

“Los puentes son una excusa, lo más bonito que tiene mi trabajo es ver la unión entre vecinos, compadres, niños, abuelitos, la maestra de la escuela…Me encanta lo que hago y así he conocido la realidad de Colombia. Uno se da cuenta de que puede integrar a la gente, a pesar de sus diferencias, por medio de trabajos que son realmente sencillos”, expresa este ingeniero electrónico y en telecomunicaciones.

‘El Puentero’ asegura que a la comunidad no hay que “echarle carreta” sobre la cimentación de la obra. Según él, con los problemas que estas poblaciones tienen y el anhelo de contar con un puente, basta mencionarles la posibilidad de construirlo y la respuesta es contundente.

“Algunos son incrédulos y dicen que durante años se los han prometido y no se les cumplido, otros dicen que el puente se lo robaron. Pero cuando ven que empiezan a llegar los materiales, sus espíritus se convierten en un motorcito que arrastra alma, corazones y vida. Es bien bonito lo que pasa con estos puentes”, concluye Carlos Andrés Barrera.

Entre 40 y 50 millones, estima ‘El Puentero’, cuesta levantar un puente peatonal. En promedio, la construcción de esta estructura tarda tres meses. 

Datos

Durante 25 años, Carlos Andrés Barrera fue socorrista de la Cruz Roja. Participó en operaciones de búsqueda y rescate por todo el país y practicó toda clase de deportes extremos.

En 2008, el Gobierno Nacional conoció la iniciativa de Carlos Andrés y de un grupo de familiares y amigos, que durante los fines de semana viajaban a distintos rincones del país a instalar los puentes peatonales, con tubos y cables donados por empresas petroleras.

600 familias resultaron afectadas con la caída de este puente en la vereda San Cayetano.

Publicada por
XIOMARA MONTAÑEZ MONSALVE
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