Jueves 30 de Octubre de 2014
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Lunes 10 de Septiembre de 2012 - 04:39 PM

Detrás del telón de un ilusionista

Archivo/VANGUARDIA LIBERAL
Detrás del telón de un ilusionista
(Foto: Archivo/VANGUARDIA LIBERAL)
El secreto de la ilusión está en la práctica y en la actuación. Así lo cree el ma-go Óskar Ziztman, que cumple 16 años de trayectoria en lo que él llama su profesión artística. Este famoso mago bogotano vive en Bucaramanga desde 1998.

Óskar Ziztman no se hizo mago por haber recibido algún juego de trucos en su infancia, ni por herencia familiar. A él, la vida lo forzó a convertirse en artista de la ilusión en medio de las dificultades económicas.

Fue hasta los 22 años que se sintió seducido por la magia, cuando vio el primer acto de ilusión, en un bar de Bogotá. Mientras preparaban las bebidas, varios objetos desaparecieron de las manos de los magos. Ahí la magia tocó su corazón.

Luego de ingresar a la Escuela de Artes Mágicas de Bogotá, dejó de ser Óskar Medina y se convirtió en uno de los magos más reconocidos del país, tras adoptar el apellido Ziztman. “Un ilusionista debe tener renombre para un público que exige antes de ver la función”, dice.  

 

Primer acto: el truco está en ensayar

Nunca ha sentido nervios, “bueno un poco”, hace una mueca y habla del trabajo que ha realizado durante 16 años como ilusionista y de lo que hay detrás del escenario, en el que siempre le pregunta a sus asistentes por la ubicación de los objetos que saldrán en la función.

“A veces reviso todo después de que lo han hecho los asistentes. Hay que hacerlo, para que la rutina salga bien”, señala Ziztman, quien no ha sentido miedo a la muerte en los desafíos realizados.

Comienza la función. Prepara un acto en el que se adivina una carta de naipes, saca un pañuelo de las manos, cambia el valor de un billete, atraviesa con cinco espadas de acero a una modelo que permanece en una cesta, hace levitar una mesa o parte en dos un cuerpo.

También logra que de sus manos salga nieve. Esta magia fue inspirada en su hijo de dos años. “Un día estaba con él a quien le digo ‘copito,’ porque es muy blanco, y resultó la adaptación de esa ilusión que ha gustado mucho”. 

Para mostrar alguno de estos actos, el equipo de trabajo del mago Ziztman ensaya varios días a la semana y tres horas antes de salir al escenario.

“En la práctica está la ilusión. El mago es el encargado de hacer la magia, no el objeto que se utiliza”, dice el mago, mientras hace levitar una mesa redonda, de esas que están en las esquinas de las casas sosteniendo un florero.

Luego surge la pregunta que hacen casi todas las personas ¿Cómo levantó la mesa? “Me ha pasado que salgo de una rutina y se me acerca alguien y me dice: ‘yo sé cómo hizo la magia’. Los dejo que hablen y luego les volteo todo”, señala Ziztman.

Sin embargo, hay otros actos que requieren de más práctica, como “el Juicio Final”.

En este, el espectador ve cuando el mago ingresa a una caja de casi dos metros de alto por dos de ancho y largo, que es cerrada por sus asistentes. En cuestión de segundos, cae al vacío, golpea el piso y se abre. No hay nadie adentro. Óskar aparece caminando desde otra parte del escenario.

Un año duró ensayando para esta rutina, que se estrenó el 23 de marzo del 2002, en Bucaramanga. “Se practica un año o más. Se prepara la música y se escoge el vestuario”, describe este mago que siempre sale al escenario con un traje negro o negro con blanco.

Para él, también es importante iluminar el lugar y tener poco o nada de humo, para que las personas puedan ver cada paso de la historia que construye en sus espectáculos. “El ilusionista es un actor. Yo lo soy en el escenario”, agrega.

 

Segundo acto: no revelar los secretos 

Un mago no revela sus secretos, aunque algunos son conocidos por los asistentes,  sus cómplices. En el caso del mago Ziztman, las cinco personas que lo acompañan tienen el compromiso solo de palabra, lo que es suficiente para este mago.

Julieth Liliana García Maya, quien trabaja con Óskar desde hace tres años, ratifica este acuerdo: “No se habla de lo que sabemos, es un compromiso. Pero él tampoco muestra todos los secretos. Cuando lo veo como espectadora, siempre me sorprendo, porque no sé cómo hace la magia”.

Tercer acto: las cifras

Noventa millones de pesos ha invertido el mago Ziztman en conseguir sus actos de magia. Seis ilusiones las ha adquirido en Colombia y cinco en Estados Unidos; más los objetos pequeños que posee, suman un total de 150 actos de magia que tiene el ilusionista Ziztman.

Las cajas importadas tienen “mejores acabados”, dice el mago al explicar que “vale la pena comprarlas fuera del país” donde los magos innovan cada vez más. “Allá tienen Las Vegas”.

También prefiere importar los objetos, porque los materiales con los que están elaborados los hace más resistentes y seguros para las personas que los manipulan.

El mago lo comprobó en 2005, cuando ensayaba para un espectáculo de desaparición en San Andrés Isla. La caja de ilusión que colgaba de maquinaria pesada se rompió y cayó sobre su mano. “Me cogieron puntos. Todos nos asustamos, pero faltaban cinco horas para la rutina y alcancé a cumplirla”, recuerda Ziztman.

Afortunadamente, este mago nunca ha experimentado contratiempos con el envío, ni demoras prolongadas, o angustias porque crean que utiliza las cajas para incorporar droga.

Ziztman acaba de adquirir una nueva ilusión que le costó 10 millones de pesos; ocho la caja y dos el envío desde California, Estados Unidos, hasta Buenaventura por mar. Tuvo que pagar el 100% del objeto por anticipado y en dólares.

Ahora, con esta nueva caja mostrará un acto jamás visto en Colombia: “Podré aparecer una mujer en un segundo. Algo que quiere todo hombre”, señala con picardía.  

Este mago cobra de uno a tres millones de pesos por cada presentación y ha realizado más de dos mil funciones en todo el país.

Cuarto acto: ilusiones de alto peso

El primer reto fue haberse puesto una camisa de fuerza y colgado de una grúa a 100 metros de altura en el puente viaducto La Flora, el 10 de septiembre del año 2000, con la promesa de escapar en solo tres minutos. Estaba rodeado de explosivos que detonarían al cumplirse ese tiempo.

Luego tomó la decisión de enterrarse con un balón de fútbol en un cajón de cemento y resistir 30 horas, el 13 y 14 de mayo de 2003, en el parque de La 93 de Bogotá.

La ilusión incluía además aparecer dentro del balón parte de un naipe que una persona del público rompió y frotó sobre el cajón.

Otro reto fue cuando permaneció en una canasta elevada a 17 metros, durante 80 horas, del 15 al 18 de septiembre de 2005, en el parque San Pío de Bucaramanga. En el lugar solo consumió agua y durmió seis horas de pie.

“Nadie en el mundo lo ha logrado. Lo hice con mucha preparación. Tuve una dieta de líquidos tres días antes y le cumplí a la gente”, recuerda el ilusionista.

Un equipo de médicos y uno de logística lo acompañan en cada acto y después de las funciones más arriesgadas, se encargan de realizar los exámenes necesarios.

“Todo ha salido muy bien siempre. Lo importante es descansar y dormir después de la rutina. Como poco a poco, hasta retomar las funciones normales”, manifiesta.

Invitar al público a la función es otro de retos al que se le mide Ziztman. El 10 de septiembre de 2009, en un centro comercial de Bucaramanga, logró desaparecer a 13 personas en 10 segundos. Según el ilusionista, el público no está comprado para sus rutinas. “A veces lanzo un balón y a quien le caiga participa”. 

Último acto: la ciudad necesita más arte

El mago afirma que todas sus funciones son muestra de arte: “Yo soy un artista y el mundo necesita más de nosotros, para que haya sensibilidad, para que entendamos que nuestra individualidad es más grande si podemos pensar en el otro, porque el arte despierta emociones”.

Por eso critica que las ferias de Colombia se celebren alrededor del licor. “Las ciudades necesitan más espectáculos familiares, menos trago, porque al país no lo une eso”.

De regreso a su casa, el ilusionista Óskar Ziztman piensa en la siguiente función, que ofrecerá para que las personas salgan de su rutina, se emocionen y sorprendan, porque ante todo, “un mago se debe a su público”. Se cierra el telón.

 

 

Publicada por
Sully Catherine Santos H.
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