Sábado 25 de Octubre de 2014
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Martes 27 de Noviembre de 2012 - 09:33 AM

Los objetos que los adolescentes santandereanos no conocerán

Tomada de internet/VANGUARDIA LIBERAL
Los objetos que los adolescentes santandereanos no conocerán
(Foto: Tomada de internet/VANGUARDIA LIBERAL)
Con la desaparición definitiva del walkman murió uno de los objetos que marcaron el último tercio del siglo XX. Los adolescentes de la próxima década apenas si oirán hablar del walkman, el rollo fotográfico, el betamax y el VHS o las esquelas, que ya sólo serán elementos fetiche de una generación. ¿Usted los recuerda?

Los adolescentes de la próxima década no enviarán esquelas perfumadas.

Muy difícilmente alguien lo hace hoy, pero sí existe en el recuerdo de quienes fueron adolescentes en los años ochenta y noventa.

Lo que sí es muy común es tener audífonos en los oídos a todo momento: caminando, en Metrolínea, en bus, en taxi. En su momento, nadie creyó que esto sucedería. La historia dice que Andreas Pavel, un alemán que vivía en Brasil desde los seis años, inventó en 1972 el Cinturón Stereo, Stereobelt, en resumen, el walkman. Pero ningún empresario lo apoyó: pensaban que nadie querría caminar por la calle con audífonos.

Sin embargo, en 1980, Sony confió en que quizá la idea resultaría: los hippies estaban cansados de serlo y en América del Sur reinaba la música disco, alegre y bailable de las orquestas.

Entre los jóvenes se imponía el rock y esa sensación de poder romper con los esquemas.

Leandro Díaz, gestor cultural, recuerda que “el primer walkman que tuve era amarillo. Me la pasaba escuchando ‘Guns’ (Guns and Roses), Nirvana, Metálica y uno que otro casete con temas variados, los cuales eran grabados con gran dedicación en un equipo de sonido de marca -también- Sony, esperando que sonara algún tema bueno en la emisora.

“Después de un tiempo de uso (no mucho), uno se volvía un experto en encontrar recursos para hacerlo funcionar a pesar de sus daños: metiendo pedazos de papel en la tapa y cinta pegante en los lugares despegados”.

En los Sanandresitos, muy populares hace 25 años, el walkman dejó de venderse en 2006. Cuando recién llegó a Colombia, a principio de los noventa, costaba entre 80 y 60 mil pesos, eso sí, uno de marca Sony o Aiwa.

Uno de marca sospechosa –‘pirata’ como se dice hoy- podía comprarse mucho más barato: entre 25 y 15 mil pesos de la época.

Claro que el verdadero gasto radicaba en los casetes: había que comprar los originales que costaban entre 20 y 10 mil pesos o los ‘vírgenes’, que podía costar 2 mil, para grabar las canciones directamente de las emisoras: Radioactiva, La Mega o Corazón A.M.

El walkman representó una verdadera revolución: ahora la música se podía llevar a todas partes.

Antes del walkman, ya el betamax y el VHS y su amplia recepción en todo tipo de públicos animó a una generación que creció con los cambios tecnológicos.

“Nunca antes se había visto una generación con tanta empatía tecnológica”, explica el sociólogo Julio Acelas.

Con los años, la tecnología es cada vez más elemental: no hay que adelantar o atrasar el casete, no hay que revelar el rollo fotográfico para ver las fotos tomadas en la fiesta.

"La modernización obviamente nos ha transformado. Tenemos acceso a más de 170 canales de TV y sin embargo no tenemos uno para ver y nos estresamos. Antes había colecciones enteras de música que ocupaban todo el espacio de la casa de nuestros padres; hoy en un Ipod caben todas y sobran 60 gigas.

"Hoy en fracción de segundos un correo electrónico nos coloca de cara a la comunicación con todo el mundo, inclusive por intermedio de las video llamadas, acabamos con el encanto de la ausencia y de la espera”, explica Luis Gildardo Rivera Galindo, profesor de la universidad tecnológica de Pereira.

Entre los cambios desde el nacimiento del walkman hasta hoy, se podría decir que el lenguaje ha sido el que más se ha visto influido: “ahora funciona el lenguaje electrónico, más corto.

Ahora hay un alejamiento de los jóvenes de los textos escritos (…) y el otro cambio es la impersonalidad”, asegura Acelas.

Otros objetos como el rollo fotográfico, el betamax y el VHS marcaron el inicio de la revolución informática que hoy es natural para los adolescentes.

Algunas costumbres se quedaron, como caminar solitario con los audífonos o ver las películas en casa.

Otras costumbres se fueron, como el revelado en el caso del rollo fotográfico, que murió para dar paso a la fotografía digital.

O las esquelas perfumadas, que hoy tienen que rendirse a los pies de las postales virtuales. Con la muerte de estos objetos, los adolescentes de la próxima década no conocerán la lentitud.

 

El Betamax y el VHS: Cine en la casa

 “Nosotros en casa teníamos Betamax, por ahí en la segunda mitad de los ochentas” recuerda Mario Mantilla, cineasta y cinéfilo reconocido en Santander.

 “Por entonces llegó el rock en español: Andrés Calamaro, Fito Páez, Soda Stereo, Hombres G, Enanitos verdes” y claro, con el auge de los canales de videos musicales, Mantilla sólo quería tener en su casa los videos de sus cantantes favoritos.

 “Tenía una buena cantidad de casetes en betamax y luego lo veíamos con los amigos del barrio”.

 En 1980, el Betamax costaba $170.000 y cuando desapareció del mercado, podía conseguirse en $50.000. Pero luego hubo un cambio, algo fracturó al betamax: el VHS. La calidad de la imagen no era la mejor pero grababa más tiempo y duraba más.

 “Me alcancé a quedar con 10 casetes de Betamax. Compré un VHS en

$120.000 en 1993 y eso era costoso. Tomé uno de mis primeros salarios y en eso me lo gasté casi todo. Para mí, el VHS tenía otra utilidad: grababa programas que me interesaban, documentales de música o cine”.

 Cuando el VHS reinaba, a mitad de los noventa, muchos retrocedieron una y otra vez escenas de películas como ‘Titanic’, ‘Terminaitor’, ‘Perros de reserva’, ‘Drácula’, ‘Pulp Fiction’ y ‘Transpoiting’.

 

Un estudio para el rollo fotográfico

Nelson Cárdenas tuvo su primer acercamiento con el rollo fotográfico a los 18 años.

“Cuando eso ya el color existía hacía mucho rato en Colombia, y el blanco y negro estaba limitado al arte y la enseñanza”.

Los rollos tenían un formato 35 mm, de tubo metálico. También había unos más económicos, para las cámaras que se usaban por lo general para tomar fotos en las fiestas familiares.

“Había muchas cosas involucradas con el asunto rollo. Una, por ejemplo es que como costaba cada uno (ya no recuerdo cuanto) y revelar y copiar también, tu sentías que cada foto era una cosa de hacer con mucho cuidado. De hecho, las cámaras en manos de niños no era una cosa normal, ¡porque se gastaban las fotos!”.

Como ocurre ahora, también la gente dejaba las fotos sin descargar, “di tu, tres o cuatro fotos en una fiesta y guardaban el rollo ahí para la siguiente, que podía ser meses después, con el consiguiente daño del rollo”.

El fotógrafo de fiestas también está en vía de extinción porque cada quien tiene su cámara digital y puede tomar cuantas fotos quiera hasta que quede bien tomada o escoger la que más le guste sin perder dinero en revelado.

“Lo otro que se perdió, y eso si lo extraño un poco, era la ansiedad de saber ‘cómo quedaron las fotos, que era, de cierta forma, la culminación de tu viaje o de tu fiesta, verte ahí, en el papel”.

 

Esquelas: El lenguaje del amor

Una búsqueda exhaustiva por los tradicionales almacenes de Bucaramanga que venden peluches y otros objetos románticos para enamorados –e incluso en papelerías- dio como resultado que en sólo dos lugares de Cabecera y dos del Centro se encuentran todavía las esquelas perfumadas con dibujitos y márgenes con muñequitos que las estudiantes enviaban a sus novios con su mejor amiga.

Pero la llegada del correo electrónico y las postales virtuales de ‘Gusanito’ a finales de los noventa cambiaron la forma, la extensión e incluso la gramática con que se enviaban estos mensajes.

Natalia Roldán, autora de un estudio sobre las cartas de amor, titulado ‘Siempre tuyo’ y publicado en la revista Bakánica, argumenta que las palabras de amor escritas a mano ya fueron mandadas recoger.

"A un lado quedan las esquelas perfumadas con besos marcados con colorete y la emoción de levantar la tapa del sobre mientras las mariposas se agolpan en el estómago. Ahora es la pantalla la que anuncia que dos enamorados se encuentran conectados, y los besos, el perfume y la delicia de saber que el papel guarda un pedazo del otro son reemplazados por palabras escritas a medias y figuras de corazones y caritas felices virtuales”.

Publicada por
BELKYS P. ESTEBAN
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